CONGRESO LOCAL Y ELECCIONES

El pésimo gobierno de López Obrador ha servido de distractor para que muchos gobiernos estatales y municipales, oculten o no sean analizados sus graves yerros y disparates. Es el caso del Congreso de Jalisco, que dicho sea de paso, en lo que corre del siglo XXI no ha habido un solo trienio de legisladores comprometidos con el pueblo (no el pueblo ‘bueno’ del tipo de AMLO, que en ese caso se identifica únicamente con seguidores). No, nos referimos a todo el pueblo, TODO.

Los jaliscienses estamos ayunos desde hace poco más de dos décadas de legisladores de verdad. Apenas hemos visto legiones de derrochadores e incapaces que ante su desconocimiento de las leyes (de cómo se hacen, se redactan, modifican y crean) y de los temas a legislar, llegan con una cauda de parásitos eufemísticamente llamados ‘asesores’, claro, todos a cargo del erario supuestamente para representar a pueblo. En verdad, tenemos muchos años de no estar representados.

   Quizá sirva de algo recordarlo, pero hasta el primer lustro de los años noventa, los legisladores no tenían asesores en la nómina, si requerían de asesoría profesional, la Universidad pública y altos funcionarios públicos expertos en la materia requerida les asesoraban. No cobraban por ello, era una manera de devolver al pueblo la educación gratuita que habían recibido. Servir al pueblo no debe ser visto como negocio. El problema es que las nuevas cepas de políticos parecen todos incubados en el mismo laboratorio. Todos con su corona de ínfulas, con el virus de la arrogancia, y la indiferencia absoluta por las necesidades reales de ese pueblo que aseguran representar.

En plena epidemia de coronavirus los legisladores locales ¿será justo llamar legisladores a personas de tan pobre formación política y casi nula visión social, interesadas solamente en la dieta y demás percepciones, así como en un juego de poder absurdo e indolente ante las enormes carencias y necesidades sociales?, lanzaron una extraña e inoportuna convocatoria para elegir consejeros de la judicatura.

Extraña porque el momento que se vive no era el adecuado, más si se toma en cuenta que el poder judicial tiene meses sin trabajar (a causa de la pandemia); decisión que se agrava cuando a su cadena de absurdos e irregularidades, se suma que a la elección y luego de un show mediático del que dieron cuenta medios impresos, radiofónicos y televisoras, finalmente son elegidas tres personas, que además de no pasar el examen (se dijo que nomás una mujer lo aprobó) son elegidas y se les tomó protesta de madrugada. Normalmente casi no trabajan, ¿era necesario hacer ese show de madrugada?

    Así que entre tanta irregularidad y condenables acciones la pregunta obligada es ¿Y PARA QUE QUEREMOS CONSEJO DE LA JUDICATURA? La verdad, y lo digo con conocimiento de causa y con antecedentes de tiempo e historia, lo cierto es que no se necesita tan oneroso organismo. Antes no existía y el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco funcionaba mucho, pero mucho mejor que en la actualidad. Recuerdo en los años setenta, el presidente del STJ era el Lic. Salvador García Rodríguez, un hombre inteligente, sabio, probo, maestro de derecho mercantil en la Facultad de Derecho (U. de G.). En la mañana cumplía con fidelidad su valioso trabajo de impartir y vigilar la impartición de justicia. Por las tardes, quizá para tener un mejor ingreso, era director de una primaria que se encuentra por la calle Reforma, frente al jardín del nombre de esa calle. Su auto era un modesto Dodge 1966. Nunca fui su amigo ni mucho menos. Fui su alumno y me impactaba su vida y ejemplo.

En esas épocas el litigante que tenía una queja contra algún juzgador, bastaba con que fuera con el magistrado que le tocaba (todos los jueces estaban bajo la tutela de algún magistrado y los magistrados bajo el presidente del Tribunal). Las cosas marchaban bien y la justicia se impartía muy aceptablemente. De hecho en tiempos muy cortos (comparado con lo tardado de los juicios en la actualidad) y sin el derroche que representa el costosísimo Consejo de la Judicatura.

El otro tema que nos ocupa, aunque también relacionado con nuestros diputados, es que los panistas presentaron un proyecto para reducir a un mes las campañas políticas. Cosas de la vida y del destino, en esta columna se les viene señalando y pidiendo a los diversos congresos, desde hace veinte años (desde que Vicente Fox corrompió los tiempos de campaña) que las reduzcan. Petición repudiada e ignorada por los panistas, que dicho sea de paso son los que corrompieron los tiempos electorales (creando las ‘precampañas’ y la llamada ‘guerra sucia’).

Entre otros muchos, pero muchos argumentos se les ha dicho en esta columna, que para lo que ofrecen, para lo que dicen, y para la calidad y capacidad de los aspirantes a diputados (y demás cargos públicos), lo cierto es que CON UNA SEMANA ES MÁS QUE SUFICIENTE. Darles más tiempo y recursos además de ser dinero público tirado a la basura, es una especie de masoquismo y un gran daño social.

Hace 20 años se decía ya desde este espacio: “Los sueldos y prestaciones de los diputados locales, han convertido estos cargos en atractiva oferta para legiones de bucaneros que ahora se encuentran al acecho en espera de una oportunidad. Téngalo por seguro que varios de los legisladores actuales sufrirían para ganar siquiera una décima parte de sus ingresos si se tuviesen que desempeñar dentro de la sociedad en base a sus capacidades” (Análisis y Propuesta, Diario El Informador, 15/Ene/2000).

Al termino del foxiato se continuó señalando este cáncer: “La pantomima democrática que vive el país se puede resumir en unos cuantos puntos: el negocio de los partidos políticos, la ambición y negocio de los políticos, el negocio de las televisoras y el mercadeo, y las hordas de beneficiados en este aquelarre, donde lo grotesco y demagógico se cimientan en la mentira y la farsa” (Análisis y Propuesta, El Informador, 3/Jun/2006).

El largo, muy largo sufrimiento del pueblo mexicano, el largo desprecio que ha sufrido de parte de los distintos gobiernos (de todos los partidos, PRI, PAN, PRD, MC, y no se diga el terrible y populista MORENA); gobiernos indiferentes ante sus necesidades básicas de salud, de la terrible delincuencia que le atormenta cada vez de maneras más atroces y sangrientasde su indiferencia ante los abusos en una sociedad que a causa de la impunidad que observa, muchos de sus miembros se suman al azote de sus conciudadanos. Ante este cuadro de horror y de desesperación, cuadro al que se ha agregado la epidemia del coronavirus, la caída terrible de la economía nacional y por si faltara algo, otro temblor. Lo menos que debe hacer el congreso y el gobierno local es entrar en cordura. No solamente reducir las campañas a un mes, también es deseable que la nómina del Congreso se reduzca cuando mucho a 200 empleados (y serían muchos), reduzcan el presupuesto del Consejo de la Judicatura a la mitad, mejor aún, que lo desaparezcan y se retorne al orden legal y a la autoridad (como era antes).

Falta señalar algo, los diputados de Morena se indignaron ante el planteamiento de reducción de tiempos de campaña. Incongruentes y falsarios en todo, si en verdad quisieran austeridad aplaudirían la propuesta y si en verdad fueran populares, con un mes es suficiente para hartar a los futuros votantes.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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