EN MÉXICO NO HAY PRESIDENTE

El clima de violencia e inseguridad que padece nuestro país ya resulta insoportable. El problema, y grave, muy grave, es que la silla presidencial está vacía. Hay una persona que cobra como tal y aparenta actuar como tal, pero la realidad es que el país se encuentra al garete. Sabemos que se llama Andrés Manuel López Obrador, quien se limita todas las mañanas a exhibirse un par de horas en la televisión, rodeado por un grupo integrado en su mayoría por falsos periodistas que tratan de aparentar que le preguntan, cuando su labor real es de patiños políticos.

Más le valiera al titular del poder ejecutivo levantarse más tarde a cumplir con sus muchos deberes, que tener hábito de lechero y madrugar para perder el tiempo, para dar rienda suelta a su ego y hacer de la vanidad su blasón de ignominia, para hacer lo único que parece sabe hacer: grilla y populismo.

Y mientras él se convierte en el centro de su mundo imaginario, presidente de un país de forma imaginaria; el país real se hunde en la anarquía a causa de la violencia provocada por una fauna criminal que ha crecido a manera de plaga.

En poco menos de dos años que lleva su mal gobierno, se han cometido más de 60,000 asesinatos y el 97 o 98 por ciento de los mismos impunes. Hablando claro: ¡NO HAY GOBIERNO EN MÉXICO!, hay si acaso un remedo bananero del mismo. Una caricatura burda de gobierno integrada por improvisados y ambiciosos, ignorantes e incapaces.

Incontables bandas de asesinos despiadados, protegidos por el gobierno (no atacarlos es protegerlos), mantienen sumido al pueblo mexicano en el terror en amplias zonas del país. Transitan y se exhiben a diario en caravanas integradas por decenas de vehículos repletos de asesinos (sicarios no, ASESINOS) armados hasta los dientes, pero el gobierno nunca los ve.

Para López Obrador no existen, no los ve, por eso es que se le mira todos los días risueño y feliz en Palacio Nacional, un sitio tan importante, que él sabe en lo profundo de su corazón que no debe de estar allí; es demasiada responsabilidad para un hombre tan limitado. Sobre todo en una época que requiere de un hombre inteligente, capaz, valiente y decidido a hacer valer la ley e imponer el estado de derecho. Por eso lo disfruta, sabe que no es la persona idónea. Se usurpa de muchos modos (igual como lo hizo Vicente Fox a principios de este siglo).

Lugares como Puebla (que se encuentra igual o peor que en la época de los “Bandidos de Río Frío”), Tijuana, Laredo, Reynosa, Zona Metropolitana de Guadalajara, Lagos de Moreno, Guanajuato, Chihuahua, Guerrero, Hidalgo, Veracruz y tantos otros sitios del país, son dominios de las diversas bandas de criminales que un día asesinan y otro también sin que la autoridad haga nada. Su labor, la de la autoridad, se limita a poner listones, formar una carpeta y recoger las posibles evidencias, todo para ser enviado al archivo. Jamás se detiene a nadie ni se hace justicia.

Ver en la televisión hace un par de semanas (noticiero Imagen, con Ciro Gómez Leyva), como un par de criminales llegan en motocicleta a un modesto negocio en Celaya (que, quizá no pagó la extorsión ¿pagar impuestos y extorsión?) en pleno mediodía y en el centro de la ciudad; que un hombre es asesinado a sangre fría y otro es herido, todo con absoluta impunidadnos lleva a la conclusión de que EN ESTE PAÍS NO HAY GOBIERNO. Por tanto, no hay presidente tampoco.

Es tal el cinismo de AMLO que se atrevió en su segundo informe a decir que en México ya no había matanzas como en los gobiernos anteriores; afirmación que además de ser una mentira, es una ofensa al pueblo mexicano, desnuda su calidad moral. No tardaron muchos medios y muchos periodistas en recordarle la lista de matanzas más escandalosas que han ocurrido en el año 2020. No le importó, como no le importa en absoluto la vida, seguridad y patrimonio de los mexicanos. Nada le hace perder su sonrisa sardónica ni moverse de su mundo fantasioso.

Mientras tanto, los mexicanos además de los asesinatos, día a día son angustiados y agobiados por desapariciones de familiares, por secuestros, extorsiones en sus personas, negocios, incluso changarros y taquerías, por todo tipo de robos y asaltos perpetrados por una fauna delincuencial cada vez más engreída y violenta A CAUSA DE LA IMPUNIDAD CONCEDIDA POR EL ACTUAL GOBIERNO.

Por si no fuera suficiente tanto mal y tanta desgracia, el ciudadano observa con indignación el robo imparable de combustibles propiedad de la nación (pero pagados por el pueblo a causa de una empresa ineficaz, derrochadora, productora únicamente de burócratas y trabajadores innecesarios, pagados todos a nivel de científicos de país europeo), de trenes de carga, de toma de casetas y atraco a los automovilistas, de paralización del sistema ferroviario de carga a causa de los bloqueos, ocasionando daños por miles de millones de pesos sin que al presidente le importe un comino que suceda. ¿Para qué quiere construir el Tren Maya si no le importa lo que le sucede a los pocos que quedan en servicio, los de carga? ¿Para que los delincuentes tolerados por él luego los asalten?

El engreimiento de las bandas criminales y de cualquier delincuente, así sea el raterillo del barrio o el asaltante de automovilistas en crucero con mucho tráfico, ya resulta inadmisible. Se observa en las casetas de peaje a la onerosa Guardia Nacional ver que no mueven un dedo mientras los facinerosos despojan con toda impunidad a automovilistas y cajeros de las casetas de los dineros. Una Guardia así solo produce irritación e indignación. No sirven de nada.

Como tampoco sirven de nada las policías federales, estatales y municipales que permiten que ciudadanos y negocios, transportistas y viajeros sean asaltados con toda violencia y sin que nadie les estorbe. México es un país sin gobierno.

Por todas estas cosas es que se dice que en México no hay presidente, hay si acaso un hombre que, siendo eterno candidato a la presidencia, que habiendo por fin ganado unas elecciones (2018) a causa del cansancio social (y de su amalgama con los grupos más disímbolos); continúa lamentablemente actuando como aspirante, y aunque le gusta y disfruta enormemente de las mieles del poder, es manifiesta su alergia y repudio a los deberes y responsabilidades del primer mandatario. Lo dicho, EN MÉXICO NO HAY PRESIDENTE.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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