GUADALAJARA ¿CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO?

Se necesitaría la sabiduría de Salomón para resolver este cuestionable nombramiento. Si fuese por el gobierno de la ciudad de Guadalajara tal nombramiento, además de injusto, resulta absurdo. Y cómo no será así, con una troupe de políticos engreídos y enemigos declarados de los libros, que lejos de promover la lectura, en su inmensa mayoría son semi analfabetas (un título universitario no concede cultura ni gusto por las letras); semejante honor es un desatino.

Es de entender que el comité internacional que concedió a Guadalajara el título de Capital Mundial del Libro año 2022 lo hizo pensando en la Feria Internacional del Libro que se realiza en nuestra ciudad, sin considerar en absoluto que se trata de dos cosas totalmente distintas. Los gobiernos de Guadalajara, cuando menos desde los años ’90 del siglo pasado, han sido, sin excepción, enemigos declarados de los libros (o ajenos), por lo que el nombramiento además de injusto les queda por demás grande.

Y de manera muy puntual con el actual, es por demás injusto concederle semejante honor. ‘El platero’, del nobel de literatura Juan Ramón Jiménez, se hizo famoso por su autor, más no por sí mismo (era un simple borrico).

Si Guadalajara ha cobrado fama internacional en el mundo de la lectura ha sido precisamente por la Feria del Libro que se celebra desde hace 35 años en la Expo local y organizada por la Universidad de Guadalajara. Ahora bien, la organización ha sido de la casa de estudios, nadie debe regatear ese mérito, pero el éxito ha venido por cuatro vías cuando menos: 1) la participación de las casas editoras de México y diversos países del mundo, 2) la participación activa y presencial de los escritores; actores fundamentales en esta fiesta de las letras, pues sin ellos no hay ni libros ni fiesta, 3) la asistencia de los lectores de Guadalajara, de Jalisco, de todo México y de otras partes del mundo (sobre todo de habla hispana), y, 4) la promoción de todos los medios escritos, televisivos y en las redes, como también de otras universidades y escuelas que apuestan a los beneficios de la lectura.

    De manera que conceder el título a una ciudad cuyo gobierno no ha participado en casi nada, no parece justo ni sabio. Y este periodista puede hablar al respecto con conocimiento de causa: soy escritor, con 31 libros propios y 10 obras más en co-edición, además de haber participado en la Enciclopedia Temática de Jalisco y exponer (con un stand propio) por 27 años en la FIL Guadalajara.

En todos esos años, nunca tuve un solo comprador, ni del Gobierno del Estado, ni del gobierno municipal de Guadalajara (para sus Bibliotecas públicas). En cambio, sí atendí a los compradores de Bibliotecas de ciudades como: Nueva York, Los Angeles, Chicago, Washington, San Diego y otras.

Entre otros ilustres e interesados visitantes por la obra de este autor tapatío, atendí a compradores de Bibliotecas como la del Congreso de Estados Unidos (los del congreso de México es obvio que no leen, sus palabras y acciones les exhiben), de la Universidad de Harvard, Yale, Stanford, UCLA, Nuevo México, Texas, si bien mis libros son parte también de los acervos de otras grandes Universidades, como Columbia de Nueva York, Chicago, Tulane, Duke, North Caroline, Pittsburgh, George Mason, Cornell, Pennsylvania, Toronto, Oxford, Instituto Iberoamericano de Berlín, Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, U. de Málaga, U. de Jerusalén, U. de Hamburgo y decenas más.

A fuer de ser sincero, debo decir que cuando se hizo público el nombramiento me dio gozo, ya que semejante honor, además de proyectar mundialmente a Guadalajara en el terreno cultural, concedería a los tapatíos una gratísima alegría en medio de tantos asesinatos, secuestros, extorsiones y demás violencias sin freno ni límites.

Ni qué decir de los escritores tapatíos. Consideré ingenuamente que los reflectores del mundo literario por fin se ponían sobre nuestra ciudad, que sería una fiesta hermosa y de grandes beneficios para nuestra sociedad (y de paso para los artesanos de las letras, es decir, los escritores).

Me equivoqué. No tomé en cuenta que los organizadores eran los del gobierno municipal, personas que como ya se dijo, son ajenas al mundo de las letras. Carecen del conocimiento y sensibilidad que solo los años, el oficio y el amor por los libros conceden. La grilla solo produce políticos de muy bajo nivel, origen y condición, lo que les impide entender semejante honor del nombramiento y todo lo que esto conlleva.

Con ingenuidad y queriendo poner mi granito de arena para que fuera una fiesta lucidora, me comuniqué a la oficina del Director de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara. Después de presentarme e identificarme con la secretaria de un señor de apellido Ascencio, que cobra como director, le pedí con el respeto y educación debidas que le dijera a su jefe que me diera por favor una cita. Me respondió que le llamara en unos días. Cuando le llamé para conocer la respuesta de su jefe, me dijo “que su jefe le había dicho que no me podía atender, que tenía mucho trabajo”.

Entendido que no son gentes del mundo de los libros (aunque estén en una dependencia dedicada a la cultura), insistí, le dije que hablara de nuevo con su jefe, que con 5 minutos de su tiempo sería suficiente. Repetido el proceso, en la siguiente llamada me dijo que “lamentablemente su jefe no podía atentenderme” (les había dado mi página en la red: www.mhernandez.com.mx )

Esta situación, además de mostrarme que el nombramiento de Capital Mundial del Libro había caído en manos inapropiadas y mentes ajenas al mundo de las letras y los libros, consideré además que el nombramiento resultaba injusto. No pudo recibir a un escritor local, considerado por la Hora Nacional como el Decano de los escritores de Jalisco, con una obra abundante y bien recibida en muchos países —que solo pretendía ayudar con alguna conferencia o presentación—, ¿entendería acaso al resto de los escritores y lo que la gente que lee quisiera ver en esta fiesta? Es muy improbable.

Pensando entonces en la sabiduría de Salomón, y en particular el caso de las dos mujeres que peleaban al niño. Sería bueno que la mitad del honor de esta gran fiesta se lo concedan a la Universidad de Guadalajara (FIL) y la otra a los tapatíos que les gustan los libros y se gozan con las letras. De lo contrario, el tufo de la usurpación olerá durante todo el tiempo de la fiesta.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

Email: mahergo1950@gmail.com