NADA QUE FESTEJAR

Las condiciones de luto y devastación que guarda México no son para celebrar nada. Si tuvieran un poco de vergüenza y sensatez los actuales gobernantes se abstendrían de sus frivolidades y desfiguros, pondrían a sus palabras freno y tono. Lamentablemente la vergüenza y la autocrítica les son ajenas.

     En un país como el nuestro, bañado en sangre e inseguridades de todo tipo y tamaño, pero sobre todo, marcado por la total impunidad (y la relación o compromisos con las bandas criminales), un desfile militar referente a la Independencia y libertad, parece en realidad una ofensa a un pueblo dura y largamente agraviado.

     Las caras y gestos del presidente promoviendo los festejos solo acrecientan su frivolidad, su personalidad ególatra y distanciamiento cotidiano con los otrora gobernados, pues desde que llegó el tabasqueño se acabó el presidente de todos los mexicanos, para ser sustituido por el dictador que solo ama y protege (y mal) a sus fieles e incondicionales seguidores.

     Un líder enfermo del corazón y la cabeza, que lejos de unir a los mexicanos se ha dedicado a dividirlos, y a los que no le siguen o se atreven a criticarlo o pedirle cuentas de sus cotidianos yerros, despilfarros o mega corrupciones (Cancelación del NAIM, Aeropuerto Santa Lucia, Tren Maya, Refinaría Dos Bocas) les tunde a diario con un repertorio de ofensas jamás vistas ni oídas en Palacio Nacional.

      ¿Cómo justificar que a su atrevido e inoportuno festejo haya invitado a una cauda de gorrones populistas y vividores cuyas vidas son un desastre y no tienen nada de edificantes? Fuera de José Mújica, el resto ni son de izquierda, ni son respetable, ni tampoco tiene el erario público porque pagarles sus costosos viajes turísticos a nuestras costillas.

     ¿Cómo podemos hablar de Independencia cuando no podemos siquiera viajar por las carreteras (y caminos) del país, secuestradas cuando menos un 30% de ellas por las bandas delincuenciales?

      ¿Cómo podemos hablar de Independencia o festejar algo cuando un 40 o 50 por ciento del país ya está controlado por los criminales (asociados con el gobierno de AMLO, o cuando menos con pactos no conocidos, pero sí evidentes)? El cinismo y la desvergüenza gritan en medio del silencio y los festejos fatuos.

     ¿Cómo podemos festejar nada cuando hay en el país 130 mil mexicanos(as) asesinados durante el actual sexenio? ¿Cómo? ¿Cómo festejar ‘Independencia’ cuando en este sexenio han desaparecido 31,725  personas? (El Financiero, 8/Sep/2022). Muchas de ellas ya asesinadas, que nunca son contadas en las estadísticas, ni siquiera cuando son hallados sus cuerpos.

     ¿Cuál Independencia o libertad se puede festejar cuando casi todos los campesinos, comerciantes y negocios de todo tipo y tamaño son objeto del impuesto de los criminales (cobro de piso) sin que el gobierno les defienda y proteja como es su deber? Cuando les ha dejado a su suerte y en el total abandono legal y real.

     ¿Qué festejo puede haber cuando miles de jóvenes mensualmente son llevados a leva por los criminales para sumarlos a sus filas y los que se niegan son asesinados de inmediato y sepultados de manera clandestina?

     ¿Cómo festejar algo o hablar de Independencia cuando este mal gobierno ha entregado en manos de los militares la seguridad del país? Nuestra historia nos dice con letras de sangre que los soldados no sirven para estas tareas. Los mexicanos pensantes y conocedores de lo que sucede, saben que esto no es más que la estrategia de un farsante que para consumar sus sueños de dictador requiere obligadamente de esta ayuda para perpetuarse por sí o través de terceros.

    ¿Cómo festejar algo luego de una pandemia pesimamente atendida por el gobierno, con más de 700 mil muertes y daños incalculables en muchos sentidos?; con un sistema de salud pública colapsado, con un gobierno integrado por vándalos y marchistas profesionales que no tienen la menor idea de como se gobierna y se resuelven los incontables problemas nacionales, que en cuanto a la Salud Pública han sido incapaces absolutamente de comprar y distribuir medicinas y equipos médicos e insumos, ocasionando con su irresponsabilidad miles de muertes y muchos otros daños.

     ¿Qué podemos festejar en el aniversario de la Independencia cuando López Obrador quiere ligar a nuestro país con la mafia de populistas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua? ¿Querer entregar a los mexicanos a la pobreza para que la nueva clase en el poder vivan como reyes tiene algo de fiesta?

     ¿Qué celebrar cuando una banda de anarquistas incapaces, ignorantes e improvisados deciden el destino de México? Cuyo líder jamás ha trabajado, aunque sí, gastado millones en giras por todo el país durante más de doce años; que aborrece el orden y la legalidad, como también el trabajo creador, la ciencia y el conocimiento. Un hombre cuyo sueño es a la inversa del de Martin Luther King, pues López Obrador quiere a todos los mexicanos en la pobreza y sin anhelos ni aspiraciones de mejorar para poderlos controlar y manipular a su enfermo y perverso gusto personal.

     Cuánta razón le asistía a Voltaire cuando escribió: “El que arde con la ambición de ser edil, tribuno, pretor, cónsul, dictador, grita que ama a su patria y no se ama más que a sí mismo”. Su reflexión dibuja al sureño, a ese ególatra falto de inteligencia, capacidad y sabiduría, cuya ambición malsana le llevó a perseguir la Presidencia de México hasta lograrlo, capaz de organizar una fiesta evocando a la Independencia de México, cuando su garra feroz y esclavizante día a día penetra en el corazón de millones de mexicanos ilusos e indefensos. Lo dicho: NADA QUE FESTEJAR.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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