UN MUNDO EXTERIOR TERRIBLE

Antes que ciudadanos somos personas, individuos con anhelos, afectos, proyectos, deseos, metas y sentimientos, que en la inmensa mayoría no están satisfechos ni respetados casi ninguno. Para los gobernantes y políticos todo indica que nos les importan en absoluto las personas, sus acciones de gobierno así lo demuestran. Para ellos son simples números, votos para hacerse del poder y mantenerse en él. Nada más.

El mexicano como persona se encuentra terriblemente agobiado y a sus gobiernos no les interesa su condición, aunque declaren mintiendo en los medios. La sangre que se derrama día con día a lo largo y ancho del país con total impunidad mantiene a la sociedad en permanente estado de angustia. Duele decirlo, pero resulta cínico que el presidente se atreva a decir que somos un pueblo feliz, feliz, feliz. Feliz está él y sus incondicionales de Morena. Nada más.

La desaparición de jóvenes en el país (todos los días) es un verdadero escándalo que en cualquier otro país ya hubiera caído el gobierno y aquí no pasa nada. Padres, madres y hermanos que lloran y viven angustiados por la desaparición de alguno de los suyos, además de que les arrebata la paz familiar y les sume en una angustia permanente, les lleva a vagar mendingando ayuda a un estado indolente, inútil, omiso en sus muchos deberes, incapaz siquiera de atenderlos con tacto en los SEMEFOS cuando buscan a sus seres amados entre los muertos. Ni para eso sirven.

En Jalisco todos los días desaparecen 7 jóvenes y el gobierno en sus tres niveles y en sus tres poderes no hace nada para detener esta desgracia propia de países en guerra, que si se suman estas desapariciones a las que suceden en todo el país la cifra es de horror. En México es tal el cinismo de nuestros gobernantes que no pasa nada, tratan cínicamente de aparentar que todo marcha bien. Que somos felices, que los que se quejan son de los contrarios, de los conservadores, de los fifís, de los corruptos, de la mafia del poder ¿Cómo se sentirán todos esos padres de familia escuchar semejantes ofensas que no tienen nada que ver con su pena, con su realidad? Sin duda que salir de casa al mundo exterior se ha vuelto terrible.

Los agobios del trabajo, ya sea en un negocio o como empleado aumentan en la misma medida de la impunidad que gozan los delincuentes, ya sea con credencial o sin ella. Desde el inspector que extorsiona para no levantar una multa inventada, hasta las bandas que cobran el derecho de piso (extorsión o impuesto de la delincuencia), azote al que se agregan los asaltos violentos, los vendedores de drogas y los funcionarios fariseos que a diario inventan exigencias a negocios y personas, como si el gobierno tuviera cara alguna para exigir.

Una sociedad en la que los pervertidos y degenerados pretenden decir a las familias mexicanas cómo debe regirse la sociedad, inventando para ello sexos que no existen en la naturaleza y preferencias que son contra natura, negando a las familias su derecho a disentir y a permanecer en sus creencias; creencias que por miles de años mantuvieron en alto los valores y concediendo de paso sentido existencial; sin olvidar que Dios y la Constitución les permiten creer en la cosmovisión religiosa que gusten. Punto.

Una sociedad esquizofrénica que condena a los fumadores de tabaco y legisla para que los drogadictos fumadores de mariguana lo hagan con toda libertad; que concede a los perros trato de personas y a las personas trato de perros.

   Una sociedad incrédula que dando la espalda al Dios que se revela en las Sagradas Escrituras expresándole su amor y mensaje eterno (a través de la redención) del cual se mantuvo unido por miles de años; ha caído en el posmodernismo en un nihilismo no confesado, incluso en un paganismo que se creía extinto (como lo mostro el presidente el 1º de diciembre pasado al arrodillarse ante brujos indígenas en la Plaza de la Constitución).

Una sociedad en la que el presidente en un acto absoluto de incongruencia rinde en el Zócalo homenaje el 19 de septiembre (2019) —con la bandera a media asta— a los muertos por el terremoto de 1985, en tanto que los más de 25 mil  de mexicanos asesinados durante los casi diez meses de su gobierno solo le merecen silencio e indiferencia (e impunidad total para los criminales).

    Una sociedad en la que bandas de delincuentes que cobran como maestros pero que son maistros del desmadre y la anarquía (CNTE), dictan al Congreso las leyes de educación; mientras que los niños a su cuidado se sumen día con día en la ignorancia y la impreparación, en borregos sometidos al pastoreo de estos vándalos que intentan permanecer en el poder y no soltarlo, condenando a los infantes al peor de los futuros.

Una sociedad en que los delincuentes son protegidos por el gobierno, policías, jueces y derechos humanos, en tanto que las víctimas carecen de protección alguna y el daño recibido jamás es reparado.

    Una sociedad en que la justicia ha desaparecido, quedando en lugar suyo un aparato judicial (en lo civil, penal, laboral, mercantil, familiar, fiscalías, etcétera) que utiliza los códigos a contentillo, al mejor postor y a gusto del juzgador pero siempre escudándose en ciertos artículos para aparentar legalidad, que no justicia; bien social perdido desde hace mucho tiempo en este país, en el que todo indica que los valores desaparecieron y las mentes de jueces y magistrados se torcieron (un aplauso para aquellos que mantienen la rectitud) sin que se advierta cambio alguno.

Un país en el que los ciudadanos salen con miedo a la calle, los padres temen que les secuestren o desaparezcan sus hijos, que se los envicie en la droga un desgraciado de los muchos que abundan en las calles. Un país en que se premia a los flojos y se castiga a los que trabajan y producen; que ataca despiadadamente y por distintos frentes a las clases medias pasando por alto que son las que mantienen al país (y a todos los funcionarios y empleados del gobierno); que elogia en la cultura a las mentes torcidas y envía al ostracismo al que pretende aportar algo positivo. Ese es el mundo exterior para el mexicano en general, un mundo que ya aterroriza a millones, que produce suicidios y ansiedades. Queda sin embargo el mundo interior, un mundo en el que si se le abre la puerta al Autor de la vida, su Espíritu y Palabra además de conceder una paz que sobrepasa todo entendimiento, es capaz de conceder fuerzas para salir al mundo exterior.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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