A finales de los años ’60 el gobierno de Jalisco inauguró el Edificio del Departamento de Tránsito (el Gobernador era Francisco Medina Ascencio), toda vez que el antiguo, que, aunque arquitectónicamente bonito y ubicado en la esquina norponiente del Parque Morelos, ya era totalmente insuficiente en todos los sentidos. El cambio fue oportuno y acertado.
El nuevo ubicado en Av. Alcalde y Circunvalación era moderno y funcional, México avanzaba y Jalisco era parte. En dos edificios largos y semicirculares de dos plantas y una especie de piso inferior, estaban unidos por amplias rampas. Al frente del edificio vistosos jardines con pasto y rosas de diversos colores daban la bienvenida al ciudadano que acudía a realizar algún trámite, el cual y para su comodidad, podía estacionar su auto en el segundo edificio (de paga por supuesto). En ese mismo edificio por la parte interior había varias oficinas de trámites y un pequeño restaurant y en medio de los edificios dos grandes patios. Uno con dirección a la Av. Alcalde en el que se realizaban las primeras pruebas de manejo a los solicitantes de licencia de conducir, y el otro, con dirección a Félix Palavicini utilizado para maniobras de patrullas.
Al entrar al edificio el ciudadano además de considerar que los frutos de los gobiernos de la Revolución se comenzaban a ver y disfrutar, que México estaba modernizandose (ese año se celebrarían las Olimpiadas en nuestro país y en dos años el Mundial de Futbol) y las mejoras eran evidentes. Quedaba claro que el dinero de los impuestos (que no eran tan draconianos como en el presente) se invertía. Y valga la cita histórica, el Presidente de México era Don Gustavo Díaz Ordaz, quien dejaría el país sin deuda externa (con apenas $4,263 millones de dólares, que es nada; mientras que AMLO dilapidó billones de pesos sin dejarnos nada a cambio que no sean deudas billonarias y obras inútiles).
Así que Tránsito, hoy Vialidad Jalisco, recibía a los ciudadanos en un edificio moderno, limpio, bonito, accesible y funcional. Las cosas han cambiado. No necesariamente para bien. Esta semana tuve que acudir a realizar un trámite a ese mismo edificio que conocí nuevo (y donde tramite mi primer licencia) causándome una pésima impresión.
De entrada, ya no hay estacionamiento para el ciudadano, tiene que arreglárselas y buscar alguno por la zona (pocos y de mala presentación). Lo peor es que al llegar a dicha Secretaría de Vialidad da la impresión de estar en algún rancho al que le han hecho remiendos de todo tipo. Feo, con recovecos y oficinas tipo changarro por todos lados, sucio, fuera de las rampas centrales que se ven limpias y funcionales, el resto parece una especie del Mercado de San Juan de Dios (por los remiendos y la saturación) sin ningún orden arquitectónico.
El edificio concede la impresión que desde hace muchos años ha habido un solo jefe, por cierto, tilichento, sin visión de estado ni respeto para el ciudadano que acude a realizar algún trámite. Visualmente el edificio en general es molesto, repudia, concede la sensación que tuvimos un retraso de 70 u 80 años. Hay muchas computadoras, sí, pero tal cosa no indica de manera alguna que hayamos mejorado, y si lo hacemos tomando en cuenta los años ’70 del siglo pasado, queda claro que el actual y varios de los gobiernos estatales anteriores quedan ABSOLUTAMENTE REPROBADOS.
Eso, en cuanto a las instalaciones, ya que en cuanto la presencia y eficacia de dicha Secretaría en las calles de la zona metropolitana de Guadalajara su calificación es de CERO. Reprobados.
Las calles son un caos. Los motociclistas (como se ha escrito varias veces desde esta columna y por años) se han convertido en una pesadilla urbana. No respetan semáforo alguno, viajan con personas de más, en sentido contrario, sin casco, por las banquetas, y en avenidas por las que no pueden transitar las de baja cilindrada (como es el caso de los carriles centrales de López Mateos y la calzada Lázaro Cárdenas) las cuales han tomado como pista de carreras suicidas, zigzagueando entre los autos a toda velocidad y sin cuidado alguno. TODO ESTO, CON LA AUSENCIA TOTAL DE AGENTES DE VIALIDAD.
Y como tal parece que le dan la licencia de conducir a cualquiera los choques en la ciudad son ya una pesadilla. Antes, habrá de decirse y en proporción, eran mucho menos y todos eran atendidos en las calles por los agentes de tránsito (vialidad); hoy, esa tarea la realizan indebidamente los agentes de las compañías de seguros. Los agentes viales solo son vistos en las avenidas cuando pasa el gobernador o algún político importante. En los diarios embotellamientos que suceden en casi toda la ciudad jamás se ven (antaño se encargaban de agilizar o desatorar).
El retroceso sufrido en Jalisco de la ahora llamada Secretaría de Vialidad es manifiesto y por demás lamentable ¿Dónde quedaron los jefes de la estatura del Mayor Alfredo Medina Guerra o los Ingenieros. Alberto Mora López y Daniel Gutiérrez Vega? La verdadera capacidad de un líder en esa Secretaría tan importante se nota en el tráfico en las calles, en el transporte público, y por supuesto, en los trámites de los ciudadanos ante dicha Secretaría, que como ya se dijo, parece un rancho pueblerino al que se le fueron construyendo pedazos, pero todo sin ningún orden.
Tal parece que lo único importante para Vialidad es la recaudación. Nos hicieron pagar el refrendo (que incluía la verificación y las placas) y ahora nos amenazan con multarnos por no tramitar las placas nuevas. De entrada, no las necesitamos, pero suponiendo sin conceder que fueran necesarias ¿Por qué no hicieron todo al mismo tiempo y no hacernos traer a las vueltas? Este viernes (29 mayo) acudí a las 9:00 a.m. para hacer dicho trámite (oficina Mercado de Abastos) y la fila era tan larga y sin avanzar que era imposible que me atendieran ese día. Pregunté si había algún trato para los viejos, y no, para los actuales gobiernos tenemos que tener las fuerzas de veinteañeros y aguantar sus actos despóticos (las gruñonas de la puerta parecen celadoras de Reclusorio).
Rescatando algún avance se ha de señalar que el trámite en la renovación de licencias es rápido y con tecnología más o menos de avanzada (las licencias en sí son de baja calidad fotográfica). Por último, y como ya se dijo, a los viejos no se les concede el espacio que se debe por dignidad y años. Algo más: mi gratitud a la encargada del módulo de Vialidad en Periférico y Colón, que el martes pasado se tomó la molestia de hacernos cita a mi esposa y el suscrito para el día siguiente en Alcalde y Circunvalación, pues en el internet dice que no se requiere de cita para renovar licencia y en Vialidad dicen que sí es obligatorio. Lo dicho: ¡como los cangrejos…!
¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!
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