NADA DE QUE ESPAÑA NOS PIDA PERDÓN

La soberbia e intransigencia de López Obrador no tienen límites. Su enfermizo deseo de poder le ha conducido a extremos nunca vistos. Su posición de falsa deidad que desea sumisión total y reverencia, que sus palabras sean tomadas como dogmas de fe, además de inadmisible y ridícula, ajena absolutamente a la democracia, exhibe a un hombre de escasa preparación y sobrada soberbia.

Su manifiesta incapacidad para entender la historia (¿o es ignorancia?) le ha llevado al extremo de la ridiculez, capaz de atreverse a declarar esta semana que “no descarta que el gobierno de España y el Papa Francisco ofrezcan disculpas y en un cambio de actitud, con humildad pidan perdón por los abusos cometidos durante la conquista de México”.

De entrada, habrá que decirle al hombre que cobra como presidente de México —queda claro que el cargo le quedó demasiado grande— que los españoles nunca han conquistado México. Cuando Hernán Cortés y las tropas españolas que le acompañaban llegaron en el siglo XVI a estas tierras (que ahora son México), se toparon con un sinfín de pueblos distintos y enemistados muchos entre sí, dominados una buena parte por los aztecas. Un pueblo guerrero, salvaje, cruel, y odiado por la mayoría de los pueblos sometidos a ellos por la fuerza.

    La llegada de los españoles lejos de ser para muchos de los pueblos autóctonos una desgracia se convirtió en una liberación, de tal manera que hacen alianza con el ibérico para combatir contra sus opresores aztecas. Es obvio que ni los españoles solos podían contra los aztecas, como tampoco los pueblos oprimidos por ellos, de tal forma que al aliarse y sumar fuerzas, es que pudieron vencerles.

También habrá que decirle al inquilino de Palacio Nacional. Un paréntesis: ¿qué residencia será más adecuada para una persona humilde y sencilla, Los Pinos. o el imponente y lujoso Palacio Nacional? Continuemos: habrá qué decirle que durante los siglos XVI, XVII y XVIII no existía México, se trató de la Nueva España. Una colonia española gobernada por un Virrey, así como los otros países europeos tuvieron muchas en Africa y Asia.

Tendrá que leer, o que alguno de sus cortesanos le haga el favor de narrarle este pasaje histórico, que el primer hijo de estas tierras que tiene la visión para formar un nuevo país (a finales del siglo XVIII), es un sapiente sacerdote regiomontano llamado (Fray) Servando Teresa de Mier, a quien Don Alfonso Reyes calificara como “el abuelo de la Independencia”. Sí, Alfonso Reyes, el autor de esa cartilla moral que es evidente que el presidente nunca ha leído, de lo contrario su conducta y acciones fueran otras. Totalmente otras.

Tal visión, la de formar un nuevo país, un par de décadas después, es puesta en acción por Don Miguel Hidalgo y otros criollos, es decir, hijos de españoles quienes haciendo un gran esfuerzo y arriesgando posición y vida se rebelan contra la autoridad ibérica ¿También los criollos deberían de pedir perdón a los pueblos autóctonos como dice el tabasqueño? Porque el deseo de Hidalgo y demás conspiradores era liberarse de los españoles y formar un nuevo país. Un país que no existía. Y si no existía ¿por qué pedir perdón los españoles a un país que no existía tres siglos atrás?

Eso, por un lado, por otro, y a manera de agregado a las incontables incongruencias del actual presidente, quien gusta afirmar que es cristiano (aunque su vida y acciones digan totalmente otra cosa), se le hace saber también que desde la fe no tiene por qué exigir perdón de los españoles, pues las Sagradas Escrituras señalan otra posición totalmente contraria y justa:

 

“El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:20).

 

Porque si se tratara de pedir perdón, habrá que hacerle saber al presidente, que la causa del incurable estado depresivo de Don Miguel Hidalgo, el padre de la Patria, se originó precisamente en los indígenas que le apoyaron en la sublevación (en el actual Estado de Guanajuato, tierra del “marro” y demás criminales que mantienen aterrorizada esa zona), ya que aquellos humildes hombres que le besaban la mano y le decían ‘tata’, al sentirse con armas y liberándose de sus antiguos amos, a la manera del Dr. Jekyll, se convirtieron en una troupe de monstruos al estilo Mr. Hyde. Será suficiente recordar que Hidalgo se horroriza en la toma de la ciudad de Guanajuato cuando los indígenas durante dos días saquean y asesinan como bestias salvajes a la población española (incluyendo mujeres y niños). Depresión que aumenta en Valladolid cuando repiten los saqueos y asesinan a cuanto español encuentran. Criminalidad que Don Miguel jamás consideró, la cual le movió a cambiar de planes en el Monte de las Cruces, en las goteras de la capital del país, para evitar una masacre de españoles. Masacre que no pudo evitar en Guadalajara, en la que la turba asesina a cuanto español halla a su paso, degollando a 700 de ellos en el llamado cerro de las beatas.

   ¿Habrá alguien qué le pueda explicar a López Obrador la historia de México, que le diga que este país apenas tiene dos siglos de existencia? ¿Alguno entre sus cercanos que le diga que NO SOMOS NI ESPAÑOLES, NI TAMPOCO INDÍGENAS, QUE SOMOS MEXICANOS? ¿Será tan difícil explicar algo que en realidad es fácil?

    Querer gobernar un país que solo en su mente existe, no es posible. Como tampoco es posible, mucho menos apegado a la justicia, al derecho divino y humano, que pretenda hacerlo solo para sus incondicionales. El presidente del país llamado México, debe gobernar para todos los mexicanos sin distinción alguna, si votaron por él o no.

Así que nada de esperar a que España nos pida perdón. El pueblo mexicano es un pueblo mestizo, producto de la unión de españoles con los pueblos que habitaban estas tierras (pues en el plan que se pone el presidente ningún pueblo es natural de ningún lado, todos tienen un tiempo y origen), de manera que en lugar de estar fastidiando a la mitad de nuestra sangre (y menos él, cuyo abuelo materno Salvador Obrador era español y llegó a México en 1912), debe dedicarse a unir a los mexicanos, a trabajar por el bienestar y futuro de todos. ¿O será que su vida dedicada a agitar y dividir le marcó para siempre?

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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