MÉXICO: ENTRE CRIMINALES E INEPTOS

La situación de nuestro país es cada vez peor y nada parece indicar que puede mejorar. López Obrador no solamente carece de la capacidad requerida para tan alta responsabilidad, que si bien tuvo la aprobación de un gran sector a través de votos, implica también y de manera ineludible: preparación, amplios conocimientos de política, economía, campo, educación, salud, energías, diplomacia, ciencia, etcétera, de un carácter bien formado, disciplina, principios, visión de estado, capacidad de mando y prioridades de gobierno, entre ellas la impartición de justicia y el estado de derecho.

     Respecto a estos dos últimos en su desgobierno no han existido, la impunidad ha sido la principal característica de su gobierno fallido y el estado de derecho ha sido letra muerta. El hecho de fijar su postura en el combate a la enorme fauna delincuencial que azota a México y lo mantiene aterrorizado, y ofrecerles su política de «abrazos y no balazos», describe de manera implícita su simpatía por los criminales y su renuncia anticipada a hacer valer la ley. Su desprecio por la legalidad y desinterés absoluto por los gobernados.

     Ningún país, en ninguna época, podría mantenerse en pie de manera legal y asegurar ser democrático conviviendo con las bandas delincuenciales (argumentando una falsa bonhomía que solo muestra complicidad o simpatía originada en relaciones no conocidas por los ciudadanos observantes de la ley). Semejante e ilegal amasiato está condenado al fracaso y el caos. El problema es que la sociedad entera ha quedado de rehén.

    El presidente, sin saber en realidad qué hacer para que el país funcione correctamente, ataca a todo cuanto se mueve, sobre todo a lo que no es ordenado por él ni responde a su gusto y caprichosas órdenes. Hace apenas unos días arremetió contra los Senadores, contra los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, contra los Magistrados del TRIFE y contra su villano favorito, el Instituto Nacional Electoral (órgano que le permitió llegar a la presidencia por la vía democrática, pero que ahora la estorba, como le estorba la democracia misma).

     Y es que, en una versión tropical del rey sol, AMLO, a diario hace ver y lo grita desde su show mañanero que “el estado es él”. Ciertamente así se muestra ante el país, aunque para hacerlo viole la constitución todos los días, esa Carta Magna que el primero de diciembre de 2018 juró cumplir y hacer cumplir, así como las leyes de ella emanan.

     Derivado de su mente y corazón enfermos por la egolatría, rencores y resentimientos políticos y sociales, en lugar de unir y construir, se ha dedicado a dividir y destruir a los mexicanos, enfrentándonos a unos contra otros y buscando siempre a quien culpar de su incapacidad y fracasos cotidianos; cuando la culpa de todo lo malo que sucede en este país, es solo culpa de él y solamente de él. De Andrés Manuel López Obrador.

     Para agravar este cuadro de horror que mañana tras mañana nos levantamos y no mejora, al contrario, empeora, se suma un ejército de incapaces y carentes absolutos de dignidad, que aplauden a su jefe las peores decisiones y jamás se atreven a contradecirlo, mucho menos a enfrentarlo con la realidad o con la inviabilidad de la orden o proyecto del presidente. Fuera de dos o tres funcionarios que se atrevieron a exponer su punto de vista contrario, lo cual les llevó obligadamente a la renuncia (como es el caso de Carlos Urzúa en Hacienda y Jaime Cárdenas en el INDEP), convirtieron de paso sus renuncias en bofetada de dignidad a la horda de cortesanos genuflexos incapaces de contradecir al tirano de Macuspana.

     Lejos, muy lejos de la posición de un presidente de la República se ha colocado Andrés Manuel López Obrador; su oposición a resolver los múltiples y grandes problemas nacionales, solo ha ocasionado su agravamiento, dejando que el país comience a flotar hacia la deriva de la ingobernabilidad.

     Sus ataques continuos y cada vez más virulentos contra periodistas e intelectuales, así como contra algunos medios, son muestra inequívoca de su intolerancia, de su carácter malformado, más cercano a dictadores y monarcas absolutistas, qué a gobernantes demócratas, lo cual ha propiciado que a su postura se hayan sumado las bandas criminales que han asesinado a decenas de periodistas y en la semana anterior se atrevieron incluso a amenazar a Azucena Uresti de Milenio Noticias.

     Día con día los criminales toman control de amplias zonas del país sin que al presidente le incomode en absoluto (cometiendo masacres y toda clase de maldades). Todo parece indicar que le basta con tener su show mañanero para ser feliz y pasearse por los lugares que le gusta visitar, ya sea en el sur del país, o a Sinaloa, ¿la importancia de ese pueblo rabón llamado  Badiraguato es tal que merece más atención que cualquier ciudad mediana o grande de México? ¿No hay problemas en Zacatecas, Chiapas, Tamaulipas, Baja California y demás?

     La ineptocracia que rodea al presidente es semejante a la incapacidad de su jefe. La humildad y la sensatez se han ausentado del todo en Palacio Nacional. El interés del grupo que supo canalizar el descontento de una buena parte de la sociedad que les dió el voto, ha sido incapaz de responder a esa confianza, anteponiendo siempre el interés de su grupo que el de los mexicanos. La situación es cada vez más difícil y los mexicanos tenemos que levantar la mirada, unirnos aun por encima de las visiones partidistas y haciendo uso de la ley y las instituciones, buscar la salida democrática que nos lleve a un mejor destino. No podemos ni debemos permitir que el deterioro continúe y no se trata de rebeliones ni nada por el estilo.

     Se trata de unirse, de hacerle saber al presidente y su gabinete de ineptos, que han dejado a los mexicanos a merced de las bandas de criminales, de exigirle que se someta y les someta (a los asesinos) al imperio de la ley, o que renuncie. Nada de plebiscitos que de antemano sabemos utilizará a las bandas criminales y su maquinaria electorera para intentar resultados que le favorezcan. Desde hoy hay que enviar cartas, por correo o electrónicas, personales, de grupos, de académicos, de gremios, de sindicatos, universidades y demás, que le hagan saber al presidente López Obrador que está reprobado, que cambie de actitud y se someta al imperio de la ley o que se vaya. México no puede seguir más entre criminales e ineptos.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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