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El pasado martes 9 del mes en curso se recordó el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En nuestro país los diarios publicaron alguna nota, otros anotaron estadísticas y los medios electrónicos poca cosa, así son, es nota que no vende, que incomoda.

Una de las mayores tragedias que puede padecer la familia es el suicidio de un ser querido o cercano. Las causas pueden ser varias, desde las económicas y anímicas hasta la enfermedad, si bien en la actualidad la principal suele ser el vacío existencial. La ausencia de estímulos y metas en la vida, resultado, que aunque algunas disciplinas no lo acepten (mucho menos los políticos) de la carencia total de fe, de la ausencia de Dios en los corazones.

A millones en las nuevas generaciones les dijeron en la escuela que venían del “mono”, luego les cambiaron el rollo y les enseñaron que eran producto de una gran explosión (Big Bang), olvidando aclararles que se trata de simples teorías. Así que siendo changos o producto de un accidente cósmico ¿qué porvenir les puede ofrecer la vida? Ninguno. Lo pasajero nunca satisface los espíritus que fueron creados para eternidad y con sentido de eternidad.

Esta columna abordó varias veces el tema a partir de los años noventa en el siglo pasado sin que autoridad alguna diera señales de vida. Día con día los jóvenes comenzaron a privarse de la vida sin que casi nadie hiciera algo para detener semejante desgracia. Luego les siguieron los niños.

En el año 2004 publiqué un libro titulado “¡QUIERO VIVIR!”. Mi intención no era otra que aportar algunas reflexiones de vida y para vida. Por esos años su servidor era colaborador de un canal local de televisión de una cadena nacional. Luego de charlar con el titular del noticiero del grave problema social del suicidio entre jóvenes y niños (que año en año se incrementaba), pedí me permitiera hablar del libro. Se negó. La televisora no quería que se tocara ese tema.

Casi en general a los medios en Guadalajara el tema de mi libro no les interesó, me negaron cualquier difusión. Aun así la edición se agotó en poco más de un año (1000 ejemplares), lo cual nos muestra que el interés sí existe. Lo que no hay es voluntad del gobierno para afrontar un tema tan doloroso, como tampoco lo hubo en los medios durante varios años, situación que permitió que miles de vidas continuaran segándose.

Por esta ocasión me permito dejar espacio para algunos fragmentos de la introducción de mi libro “¡QUIERO VIVIR!”, en espera que sean de edificación interior para algunas personas y ayuden a crear una mayor conciencia social de este gravísimo problema, el cual solamente puede ser resuelto en plenitud por Dios, cuyo amor y cuidados paternales siempre están al alcance de quien le busca de todo corazón, dando rumbo y certeza al sentido existencial (“Clama a mí, y yo te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces”, Jer 33:3):

―”El presente libro, sin embargo, no es, ni pretende ser un libro académico para teólogos profesionales. La verdad es que se encuentra muy lejos de serlo. Se trata pues de una serie de comentarios de temas cotidianos diversos, recopilados con el único fin de proporcionar a las personas –agobiadas o no  por un  mundo que parece no tener rumbo ni futuro promisorio-: una serie de lecturas enriquecidas  con la Biblia, que le pueden ayudar, no solamente a conocer a Dios como él desea que se le conozca; sino que intenta ayudar también para que la fe de algún lector, nazca, o se fortalezca (según sea el caso)…

     Millones de jóvenes y niños en las nuevas generaciones han sido privados, por la razón que sea, de conocer a Dios y su revelación escrita (Biblia). El ateísmo práctico de muchos, de ninguna manera debe entenderse como el resultado de una decisión personal producto de un largo raciocinio y el análisis bíblico, sino todo lo contrario. Paradójicamente, se trata entonces de un grave problema originado en la debilidad de la fe y las creencias de padres y familiares; en el desinterés de las generaciones intermedias por las cosas espirituales, que sin afianzarse ellas mismas en la fe, no consideraron el daño que les causaban a sus hijos al no enseñarles; ya no la de las doctrinas bíblicas fundamentales, vaya, ni siquiera un cristianismo elemental…

     Bastará decir que décadas atrás la noticia de algún suicidio sacudía a la sociedad (de Guadalajara), pues se trataba de un suceso del que podían pasar varios años sin que esto ocurriera de nuevo; sin embargo, en lo que corre del siglo XXI, el índice anual de suicidios alcanza ya la escandalosa cifra de los cuatrocientos (con el dolor social que esto conlleva, en especial para las familias afectadas).

     ¿Por qué se suicidan hasta los niños? ¿Qué sucede en el espíritu y en las mentes de los humanos de la posmodernidad, que temen vivir y temen enfrentarse al futuro? Sucede simplemente que no conocen a Dios, nadie les ha dicho que Dios les ama, que él se tomó la molestia de dejarlo por escrito, que se hizo hombre en la persona de Jesús, y sufrió en una horrenda muerte de cruz, el castigo que cada uno de nosotros merecía por sus pecados, por nuestras faltas de toda una vida alejados y en rebeldía contra Dios. Las nuevas generaciones necesitan oír las Buenas Nuevas de Jesucristo, las Buenas Nuevas de Dios. Necesitan saber que fueron creados por un Dios Todopoderoso, que además de tener un plan maravilloso y bendito para sus vidas, tiene el Universo entero bajo su absoluto control. ¡No es el Cristo derrotado que muchos ven en una cruz…, eso sucedió hace dos mil años: el Cristo (Mesías) que les ama y quiere que le conozcan, es un Cristo vivo, resucitado, Todopoderoso…!

     Antes de su gloriosa ascensión en la ciudad israelita de Jerusalén, Jesucristo advirtió a sus apóstoles y discípulos: ‘…Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y cuando parta y os prepare lugar, volveré otra vez y os llevaré conmigo para que donde esté Yo, vosotros también estéis’ (Juan 14:2-3). El lugar ya está preparado, y tú lector, al igual que yo, y todos los que tengan la sensibilidad y la humildad para creer, tenemos un lugar ya preparado por el Salvador, quien advirtió que un día regresaría para reinar y poner orden en este mundo, que cada vez parece poner peor…”.

Hace una década había 400 suicidios al año en Guadalajara. La cifra ha ido en aumento y en 2013 sumaron 412, aunque todo indica que han estado maquillando las cifras al clasificarlos por otras causas de muerte (el Servicio Médico Forense señala que fueron 513) ¿Gobierno, medios, líderes religiosos y sociales harán algo al respecto, tendrán la sensibilidad para implementar una ayuda que detenga en algo semejante desgracia, o se esperarán hasta el año siguiente para volver a tocar el tema?

¡Hasta el próximo sábado, si Dios nos permite!

e-mail: mahergo50@hotmail.com

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