Opinión
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Hemos llegado a tal extremo de extravío que el sentido de justicia es algo cada vez más escaso y lejano entre nosotros. La sociedad mexicana en cierta forma se refleja en los medios, espejo de una realidad tan extraña como distante de las cosas y formas correctas. Se elogia lo antaño detestable, se admira lo mafufo y caótico y quienes forman opinión no pocas veces caminan apartados del estado de derecho, el sentido común y las buenas costumbres, no se diga de lo que siempre se consideró correcto y justo. Veamos algunos ejemplos.

     La lista de victimarios que los medios pasan con frecuencia por víctimas es larga. Es común leer en los diarios, escuchar en la radio o ver imágenes televisivas, en las que se habla de los ciclistas como eternas víctimas de los malvados automovilistas, sobre todo del transporte público. ¿La realidad social es así? Por supuesto que no, basta salir a la calle para encontrarse con verdaderas hordas de irresponsables y anarquistas que trepados en sus jacas de dos ruedas transitan a toda velocidad en sentido contrario, por banquetas, en parques, zigzagueando entre los autos y en carriles que les son prohibidos, con audífonos en el oído (que les impiden escuchar sonido alguno de la calle), payaseando sin tomar los manubrios (exponiéndose a un accidente), sin luces en la noche, etcétera.

Casi todas estas torpezas y abusos de los ciclistas ―para los cuales no hay autoridad alguna que los meta en cintura― nos resultan conocidas, hace cuarenta o cincuenta años eran molestia de todos los días. Y no nos referimos a los ciclistas que obedecen la ley, que usan medidas de protección, luces delanteras y traseras. Ellos merecen todo el respeto y apoyo social. El problema son los otros que lamentablemente son mayoría. Bueno, en Guadalajara, de pronto desfilan hasta desnudos exhibiendo sus miserias (cuando hay un Reglamento de Policía y Buen Gobierno que lo prohíbe).

¡Ah, pero no le toque la desgracia a un conductor de auto o transporte público atropellar a uno de estos anarquistas en dos ruedas porque los medios le convertirán en un horrendo monstruo social! No importa que el culpable del accidente haya sido el ciclista, el simple hecho de andar en bicicleta les hace victima obligada, perdiéndose todo sentido de justicia y deformando el estado de derecho al capricho de la prensa que tome nota del accidente (con linchamiento mediático y toda la cosa).

Otro caso por demás repugnante, es el de ciertos grupos de marchantes profesionales; individuos que jamás agotan los recursos legales, de hecho ni los utilizan ¿Para qué, si tienen el socorrido recurso de las marchas y manifestaciones? Es el caso de los ayotzinapos, verdadera mafia del crimen organizado, que de cuando asesinaron en Iguala a un comando de los suyos al presente han secuestrado 500 autobuses (con valor promedio cada unidad de 2 millones de pesos), robado las mercancías de cuanto camión de reparto han querido, robado pipas con gasolina (para sus bombas molotov), quemado y destruido oficinas públicas (sobre todo donde existían documentos que les podían incriminar), incendiado vehículos; teniendo en las casetas de cobro de la autopista México-Acapulco la caja chica para llegar a la hora que deseen a robarse los dineros y en ocasiones el de los viajantes también (a los que desgracian su día, vacaciones, negocio, etcétera), sin que jamás autoridad alguna se atreva a tocarlos y en el caso remoto de que los detengan infraganti, inmediatamente los sueltan.

En una sociedad regida por el derecho los medios condenarían de inmediato semejante trayectoria delictiva. En México no. La mente torcida de no pocos “periodistas” (así, entrecomillas) se interesa solamente que a estos delincuentes cuya guarida es la dizque “Normal” de Ayotzinapa, no se les toque y el brazo de la ley jamás les alcance.

En otro tema, ligado por supuesto a esta torcida forma de entender la vida, la principal televisora local en Guadalajara tiene varios años con una campaña contra el transporte público en la que siempre, sin variación, el camionero tiene la culpa, convirtiéndole en un monstruo social. No importa que el atropellado se haya aventado a las ruedas del camión (suicidio), que la persona atravesara la calle con audífonos o sin precaución alguna. De que si el que provocó el choque fue un auto o cualquier otro vehículo; de cualquier forma la televisora linchara mediáticamente al chofer y colocará otra raya al tigre, enemistando muchas de las veces a la sociedad contra los choferes, que como ya se dijo, cuando menos en la mitad de los casos son inocentes o parcialmente culpables.

Es tal el grado de ausencia del sentido de  justicia, que gran parte de los medios se dedica a defender criminales y condenar a las autoridades, como es el caso de Tlatlaya e Iguala. Posición que estimula la criminalidad, debilita las instituciones y el estado de derecho, pues no todos los funcionarios –como buenos políticos posmodernos- tienen la madurez para aplicar la ley en todo momento, aun cuando se cuestione por algunos el cumplimiento del deber.

     Lamentablemente en México se está jugando a la democracia. En una verdadera democracia el estado de derecho es fundamental y nadie puede estar por encima de la ley. Lo estamos viendo en Francia, en la que se dejó de lado derechos y garantías individuales para poder capturar y perseguir a los asesinos del Estado Islámico.

En nuestro país acabamos de escuchar que una banda de criminales se atreve a extorsionar (aunque en Michoacán ya es práctica conocida) a un presidente municipal exigiéndole 3 millones mensuales del ramo 33 ¿Qué posición va tomar la prensa? Es de suponer que la habitual: vigilar que el gobierno no vaya a golpear ni detener a los delincuentes extorsionadores, ¡Que no se atreva a violentar sus derechos humanos! Eso sucederá en Francia, Estados Unidos, Noruega y en otros países que se dicen democráticos, pero que para la visión de cierta prensa mexicana en realidad son viles gorilatos, porque para democracia la nuestra. Donde la ley solo es aplicable para ciudadanos ordenados y pacíficos; en cambio para delincuentes, parásitos sociales y toda clase de entes que no aportan nada al país aparte de problemas, la ley jamás se les aplica. Para eso tienen a sus protectores en la prensa, para proteger a estas extrañas víctimas ¿o usted que cree, estimado lector?

¡Hasta el próximo sábado, si Dios nos permite!

Email: mahergo50@hotmail.com

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