Opinión
Archive

La mayoría de las personas en las nuevas generaciones tiene poco interés en las cosas de la fe, confunde el sincretismo popular con la religión, ni qué decir entonces de su poca cultura bíblica. Esperar que conozca las doctrinas esenciales sería un desatino, su formación light y desinterés por su sentido existencial le ubican en un mundo ajeno al de sus padres y abuelos.

El problema es que muchas veces ni los propios padres saben bien a bien que se recuerda en estos días, que deben ser importantes, pues hasta el calendario oficial los agregó hace siglos a sus días feriados. De manera que los abuelos en un momento dado pueden estar mejor informados para dar razón que lo que se recuerda en estas semanas (Santa y Pascua).

La Pascua es una festividad judía, que Jesús (Yeshua en hebreo) como judío de raza y de religión celebraba año con año como lo hicieron sus padres, abuelos, y ancestros por miles de años. Su origen se remonta a poco más de trece siglos atrás del nacimiento de Jesús, el pueblo hebreo (judío) se encontraba esclavo en el vecino país de Egipto, toda vez que el antisemitismo es tan viejo como la historia misma de este querido pueblo, sin embargo, en un momento de lucidez espiritual claman a Dios para que los libre de tan horrenda opresión; cosa que sucede enviándoles el Señor a un libertador muy especial llamado Moisés.

Moisés, que a diferencia de todos sus hermanos no había probado la esclavitud pues había sido paradójicamente adoptado por la hija del Faraón egipcio, por tanto criado y formado como príncipe, aunque tenía 40 años prófugo por un problema legal y a diferencia de todos los de su pueblo, no tenía los temores del esclavo y los lujos y poder de la corte no le impresionaban en absoluto. Una vez que decide obedecer a Dios en la misión de llevar a su pueblo de retorno a Israel, entra y exige al Faraón en turno que deje salir al pueblo hebreo.

El gobernante impío, como sucede con la mayoría de ellos (el poder y las riquezas por lo general los envanecen) se opone, razón por la cual los egipcios atraen sobre sí mismos 10 terribles plagas a causa de la dureza de corazón. Pausa. Para ilustrar mejor este asunto de la educación religiosa y espiritual de una generación a otra, le comparto a mis lectores, que esta historia como tantas otras que se encuentran en la Biblia, la escuché en tercer año de primaria (1958) en una modesta escuela en el barrio de San Juan de Dios, en el que nací (Colegio México), lo que nos permite un comparativo ¿verdad?

Continuamos. Preparando el tremendo milagro del éxodo, Dios le dice a Moisés que preparen por primera vez la Pascua, en la que cada familia sacrificó un cordero sin mancha que luego comieron, antes sin embargo pusieron esa sangre inocente en los dinteles de la puerta de cada casa, lo que les libró de la muerte (cosa que no sucedió con los primogénitos de los egipcios).

La sangre de aquel cordero inocente sirvió para redención de las familias hebreas. Quince siglos después el carcelero de la ciudad de Filipo le preguntaría a un detenido por causas de su fe (el famoso rabino Shaul / el San Pablo de la cristiandad) “¿Qué debo hacer para salvarme?”, y el rabino le contestó: “¡Cree en el Señor Jesucristo y tú y toda tu casa se salvarán!” (Hechos 16:31).

Así, como en la primera Pascua a la salida de Egipto, solo que el rabino Shaul ya le incluía al carcelero otra Pascua mejor y perfecta; la celebrada por el Mesías Jesús con cuya sangre fueron pagados los pecados de todos los hombres. No que se vayan a salvar todos los hombres, sino que el sacrificio del único justo es capaz de conceder en la presencia de Dios el Padre, salvación eterna a todo el que crea y se arrepienta.

En la actualidad semana santa y pascua son sinónimo de vacaciones, nada qué ver con su origen y significado. Procurando dar sentido y una aplicación práctica a esta festividad, Egipto en el presente significa la vida mundana, la esclavitud del pecado (alcohol, drogas, sexo fuera del contexto permitido, odios, violencia, mentira, transas, corrupción, etcétera, etcétera). Toda esclavitud es opresora, enajena, no permite la libertad, por eso es que hace dos milenios el mayor rabino de todos los tiempos sentenció con amor para todos: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31).

Conocer a Dios y a su Hijo enviado para salvarnos solo puede entenderlo quien se acerca a la verdad, y si cree en la verdad revelada ha llegado la libertad. Las multitudes lloran todavía en representaciones populares, pinturas, o imágenes en las que se ve a un Jesús flagelado por la soldadesca romana.

Duele tener qué decirlo, pero eso sucedió una sola vez para nunca más repetirse (así lo enseñan las Escrituras en la epístola a los Hebreos). Cuando aquellas mujeres de Jerusalén lloraron al ver a Jesús camino a la cruz, el Señor les reconvino “no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos”(Lucas 23:28).

     El Mesías estaba en ese momento sacrificándose como cordero inocente, libre de toda mancha(pecado) para satisfacer como aquellos corderos sacrificados durante el éxodo, la justicia ofendida de un Dios santo al cual todos, absolutamente todos, hemos ofendido con nuestras malas acciones. Era la Pascua perfecta para rescatar a la humanidad caída y perdida.

Jesús se ofreció voluntariamente para que nos pudiésemos salvar, era imposible que le hubiesen tocado si él no lo hubiera permitido. Se trata del mayor acto de amor en la historia de la humanidad. Cuando es detenido en el Huerto de los Olivos en Jerusalén al cuestionar a la tropa a quien buscaban: “A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo: Yo soy (que significa Yahwéh)” y todos los soldados cayeron a tierra (Juan 18:4-6). La sola pronunciación del Nombre de Dios en sus labios fe suficiente para derribar a aquellos hombres curtidos.

Era imposible pues que le hicieran daño si él no se hubiera entregado voluntariamente para salvarnos. Así que la Pascua es más que vacaciones, pues como hemos podido ver en su origen e historia, significa el mayor acto de amor para la humanidad toda y el acceso al reino de los cielos a través de la sangre de ese cordero bendito y santo, del que Juan el bautista al verlo en el río Jordán dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) ¡Feliz Pesaj 5777!.

¡Hasta el próximo sábado, si Dios nos permite!

 

Email: mahergo50@hotmail.com

Tiempo de lectura: 6 min