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Sus mentiras e incapacidad están acabando con el país. Cuando era candidato a la presidencia criticaba rabiosamente la violencia que se padecía, prometiendo que de ganar las elecciones acabaría con el derramamiento de sangre y por tanto con la violencia. Una de sus muchas e incontables mentiras. Ganó las elecciones y los violentos son los amos del país. Ni siquiera la pandemia intimidó a esas hienas disfrazadas de humanos a los que el presidente López Obrador no toca ni con el pétalo de una rosa. Para ellos “abrazos, no balazos”, así lo dijo públicamente (y es a los únicos que les ha cumplido)

Piensa mal y atinarás, advierte un viejo refrán. En el caso de AMLO el refrán le viene como anillo al dedo, doce años de campaña, sin trabajar nunca en nada, excepto viajar y viajar como aspirante a candidato, de recorrer toda la república con un séquito, lo cual y dicho sea de paso, debió costar una fortuna multimillonaria, lleva a pensar que alguien le estuvo sosteniendo ese nivel de vida.

Y como los pobres no tienen para sostener y gastar cientos o miles de millones en giras de políticos ociosos (en 12 años eso era), habrá que voltear la mirada hacia otro lado. Hacia los empresarios definitivamente no, no suelen tirar su dinero ni gastarlo en trotamundos, aunque se digan políticos o se disfracen de próceres. Son personas que saben perfectamente como se gana el dinero y la necesidad de administrarlo. No se diga en un sexenio que lejos de protegerlos les considera explotadores, fifís, conservadores, etcétera.

Un ejemplo: miles de negocios cerrados por el gobierno (a causa del coronavirus) y sin ayuda oficial de ninguna especie, provocó que para cubrir nóminas, impuestos, rentas, luz, etcétera, empresarios y comerciantes acabaran con sus ahorros (lo cual le ha importado un comino a este gobierno indolente e incapaz que les ha llevado a la quiebra y tiene a otros tantos bajo esta terrible amenaza). Lamentablemente el presidente solo tiene interés de ayudar a los pobres, al pueblo bueno. Pero no a los que crean los empleos para los pobres.

Ese pueblo bueno que asesina, roba, extorsiona, que asalta, que toma casetas de autopista, que al amparo de usos y costumbres asesina doctoras sin que la autoridad intervenga, que asesina mujeres todos los días, que roba los combustibles de los ductos de Pemex, que descarrila trenes para saquear la carga, que roba camiones de carga, que siembra amapola, que trafica con armas, que vende drogas, que secuestra, que secuestra jóvenes para obligarlos a delinquir y si no lo hacen los asesina y mutila, que delinque de una y mil maneras, pero que por ser bueno y cercano al corazón de AMLO les concede una impunidad del 99 por ciento a sus fechorías, como también liberó de la cárcel a 3,322 de los pocos delincuentes que había detenido (argumentando la ‘pandemia’, cuando la pandemia nacional son ellos).

Pueblo bueno al que le ofreció abrazos y no balazos, pero que en el año 2019 asesinó 36,476 personas y en el 2020 asesinó a otras 35,484, dejando al país en un mar de sangre (en tan solo dos años 71,960 mexicanos asesinados). Pueblo bueno al que pertenece el decente señor Guzmán Loera (con el que el presidente se disculpó desde Palacio; sin que las familias de los casi 72 mil asesinados en su mal gobierno le merezcan atención alguna).

Pueblo bueno al que el presidente actual le justifica todo, atribuyendo sus muchos delitos a las desigualdades —y no a la maldad e inclinaciones perversas del ser humano, así como a la nula aplicación de la ley—; mientras que las clases medias se esfuerzan por hacer lo correcto y vivir dentro de la legalidad (aunque las desigualdades económicas, el coronavirus y los delincuentes les mantengan en un estado permanente de terror).

Pueblo bueno que mata policías, humilla soldados y les reclama por intentar destruir sus cultivos de amapola y mariguana, que organiza bandas criminales a las que el gobierno nomas clasifica y reconoce su existencia pero que no las toca, que organiza manifestaciones y toma edificios públicos destruyendo como hunos cuanto encuentra su paso, que roba autobuses de tres o cuatro millones de pesos para moverse y saquea las mercancías de camiones de reparto. Todo con absoluta impunidad por ser pueblo bueno.

Pueblo bueno al que pertenece la mamá del honrable señor Guzmán Loera, a la que para saludar es capaz de detener el convoy presidencial y atender a tan ilustre dama, mientras que a los que crean empleos no los recibe y a sus paisanos de Tabasco les inundó Villahermosa… ¡aunque, claro, y para que vean que todavía tiene algo de conciencia, les perdonó esta semana nada menos que 11,000’000,000 millones de pesos que adeudaban de luz a la CFE! (la cual se estuvieron robando —por consejo de AMLO—, desde el año 1995).

Pueblo bueno al que protegió el presidente soltando en octubre de 2019 al nieto de la mamá del referido Sr. Guzmán ¿Dónde tenía la cabeza el Ejército Mexicano al pretender capturar a tan honorable ciudadano? ¿Acaso el joven Ovidio Guzmán no es parte del pueblo bueno, de ese que enyerba y destruye vidas y familias con la maldita droga, porque detenerlo entonces?

Así que no resultando suficiente la desgracia de la pandemia para los mexicanos y los cientos de miles de muertes que ha provocado, el sufrimiento, la pobreza y demás; tienen además que soportar a los cientos de miles de asesinos y delincuentes a los que el gobierno de López Obrador no toca y sí protege (desde el momento que el poder judicial es apenas un oneroso ornamento, y un instrumento de venganza; el caso de Rosario Robles es un vivo ejemplo).

En uno de sus libros, el escritor y ex Gobernador de Jalisco, el Lic. Flavio Romero de Velasco, un hombre que supo y pudo poner orden, escribió: “Mucha es la sangre de los mexicanos, que sin provecho alguno, ha ido a parar a los albañales de la historia”, frase a la que podemos agregar, “y con ignominia” ¿No hay nadie en este remedo de gobierno que tenga valor para confrontar al presidente, de hacerle saber su fracaso y el estado real que guarda el país? Entre hospitales colapsados y sin medicamentos, con un cuerpo médico diezmado por la muerte y la prolongada fatiga, y una fauna delincuencial ASESINA y PERVERSA, la vida de los mexicanos se ha convertido en una pesadilla permanente, en un escenario real de terror. Tenga Dios misericordia de México.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

Correo electrónico: mahergo1950@gmail.com

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