Opinión
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Con sincero respeto al Ejército Mexicano y resto de fuerzas armadas; dadas las condiciones de violencia y sangre derramada en México por las múltiples y cada vez más violentas bandas criminales, el desfile conmemorativo de independencia del 16 de septiembre en este momento, más que una fiesta cívica, puede lastimar y considerarse ofensivo por no pocos ciudadanos.

Los desfiles son para enaltecer y resaltar logros; en este caso históricos, la derrota de los enemigos de México y opositores a su independencia y libertad. Por muchas décadas esta fecha ha tenido sentido y razón. Hoy su existencia se enfrenta a situaciones tan negativas para el país y los mexicanos que sugieren una pausa. Esperar a mejorar las condiciones de México y los mexicanos para reanudarse.

     Y aunque los gobiernos de la auto llamada 4-T han resultado enfermiza y dolosamente mentirosos pretendiendo todos los días presentar una realidad inexistente en el país —a semejanza de Hitler y demás dictadores que han hecho de la mentira su mejor herramienta para mantener engañados a los ciudadanos y no asumir sus responsabilidades como gobierno— México se duele ante tanta sangre derramada, hogares enlutados, niños y jóvenes desaparecidos y enrolados a la fuerza por los criminales, cientos de miles de familias despojadas de sus tierras, casas, bienes y negocios, millones de personas, negocios o empresas extorsionados por el impuesto de los criminales (malamente llamado “cobro de piso”), miles de mujeres desaparecidas, forzadas a la esclavitud sexual y de oponerse asesinarlas a sangre fría. Esa es la realidad de México.

En semejantes condiciones un desfile militar como los que conocemos de siempre, en los que la exhibición de ejércitos bien disciplinados, extraordinariamente bien armados (con tecnología de punta), con una coordinación admirable en la que tanques, aviones, helicópteros, drones y un sinfín de aparatos de alta tecnología, son exhibidos en un día en el que se conmemora la libertad, cuando lo cierto es que semejante y preciado don ya no se tiene en México.

Duele decirlo, de hecho, cala con profundo dolor, pero en el presente nuestro país se encuentra dominado por las bandas criminales, que, quiera o no el gobierno federal y los estatales, los asesinos violentos y despojadores son los que controlan en grandes territorios la vida en todos los sentidos. La propiedad privada se ha convertido en una ilusión de papel que en cualquier momento puede ser cambiada a gusto de las bandas sin que el gobierno haga absolutamente nada.

Ver el terrorífico atentado en Zacatecas con un coche bomba, las muertes y daños ocasionados; las notas rojas de todos los días a lo largo y ancho del país, los asesinatos, heridos, secuestros, despojos, sometimiento de millones de mexicanos a las exigencias económicas de las bandas por todo el país (tomándose en cuenta que más del 90 por ciento de estos delitos no se denuncian a causa de las amenazas y la indiferencia burocrática de los gobiernos) así como la total desatención del gobierno actual encabezado por Claudia Sheinbaum al sufrimiento y opresión padecidos por los mexicanos, hace que el desfile carezca de sentido alguno. Al contrario, pareciera un tanto ofensivo.

Y es que, si se tiene semejante Ejército, equipado y armado con lo mejor del mundo y la tecnología, al que le acompañan en la exhibición la Guardia Nacional, la Fuerza Aérea y la Marina Nacional, ¿por qué no usar semejante y tan eficiente conglomerado de fuerzas para acabar con las bandas de criminales? La pregunta no sólo es válida, sino necesaria. Sobre todo en las actuales condiciones del país

    Queda perfectamente claro que de querer políticamente y con el poder que tiene México en fuerzas militares, armamentos y equipos (incluida la inteligencia) en un corto tiempo someterían a las bandas criminales. Tienen el poder, fuerzas y equipo para hacerlo. El problema es que no los tocan, que la política del malvado López Obrador (malvado, sí, es un hombre malvado y siempre lo ha sido, y no tiene esto nada que ver con ideología política alguna, es su persona) de «¡Abrazos, no balazos!» ha sido la causa de tanta muerte, sangre y violencias sin fin; de las consecuencias horrorosas que todos padecemos y pedimos un alto.

Y como todos los mexicanos sabemos el Ejército Mexicano es una institución disciplinada y sometida a las órdenes del poder ejecutivo, que no se mandan solos. Tratando de resumir el tema: si desde la presidencia se les ordena a las fuerzas armadas combatir con todo el poder y fuerza del estado a las bandas criminales; tengamos por seguro que en un corto tiempo lo harían (y someterían), mejorando de inmediato las condiciones del país para bien y mejor.

Entonces sí, el siguiente desfile sería, no solo aplaudido por lo bonito, por los uniformes y la vistosa disciplina: sino por la valentía del Ejército Mexicano a favor de todos los gobernados sin distingos de preferencias políticas o sin ninguna. Que se derramaría mucha sangre, dirían muchos de la 4-T, si, es cierto. Pero de que se derrame la de los criminales, a la del inocente pueblo mexicano que vive bajo el orden y la ley (y que es el que paga los impuestos para que el país marche bien) la respuesta todos la sabemos.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

Email: mahergo1950@gmail.com

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