EL GRAN DEPREDADOR DE PALACIO

En 1971 apareció un libro titulado “El gran solitario de Palacio”, en alusión al ex Presidente Gustavo Díaz Ordaz, en su novela, René Avilés Fabila expone las razones de la soledad del presidente poblano (a causa de sus hechos y decisiones públicas). Medio siglo después, habita en Palacio Nacional otro presidente por demás distinto y distante, tabasqueño por cierto, un terrible depredador del presupuesto, de las Instituciones públicas, de la armonía y unidad social, de la salud, de la educación, de la diplomacia, de la obra pública, en una palabra, un depredador indolente e irreflexivo que jamás considera los daños que ocasiona casi todos los días. Incalculables a dos años y medio de su desgobierno, muchos de ellos sin manera de ser reparados.

La cancelación del aeropuerto de Texcoco (NAIM), primera decisión de su mandato, le muestra tal como es: ¡un depredador irracional! En un país como México con tantas necesidades y desigualdades, tirar a la basura $331,900’000,000 millones de pesos a causa de dicha cancelación es un gravísimo delito, crimen de lesa humanidad (y aunque al conocerse el monto total de los daños, López Obrador intimidó al titular de la ASF con el clásico ‘tengo otros datos’, esta semana se conoció que el dato del auditor era correcto; Diario Mural, 6/May/2021). Lo peor es que en su soberbia y capricho está gastando otra fortuna en otro aeropuerto, en un lugar inapropiado, y sin los estudios de viabilidad necesarios y suficientes.

A miles de madres mexicanas les trastornó literalmente su vida familiar y horarios, además de ocasionarles graves daños económicos, al desaparecer las estancias infantiles. Ni qué decir a maestras y dueñas. Nada resuelve y casi todo lo complica o destruye.

    La cancelación de inversiones privadas y empleos ha sido una constante. Los zarpazos depredadores han marcado diversas zonas en el territorio nacional. La Cervecera en Mexicali es tan solo una muestra (los extranjeros ya habían invertido 900 millones de dólares y tenían programado un total de 1,400), así como su guerra contra las inversiones privadas en energías limpiaspara defender el monopolio de las ineficientes Pemex y CFE, pozos sin fondo del derroche y la corrupción; socios en andadas de la 4-T, modelos de cómo no debe ser una empresa, dicho sea de paso, propiedad del gobierno en turno, así como de los funcionarios y empleados de las paraestatales, pero jamás del pueblo mexicano. Al pueblo solo le han tocado las deudas y cubrir los altísimos sueldos y prestaciones de funcionarios y empleados, de confianza y sindicalizados.

    La cancelación de compras de medicinas a los laboratorios mexicanos ha sido otro más de los actos depredadores del tabasqueño, al dejar sin medicinas y por tanto sin la atención médica debida a los mexicanos, rompiendo de paso las cadenas de adquisición y distribución de semejante necesidad social ¿cómo llevar los tratamientos sin medicinas? ¿cómo atender a los pacientes sin las medicinas o los equipos necesarios?

Dejar sin medicinas contra el cáncer a los niños, las cuales eran producidas y vendidas en México a bajo costo, para dejar ese gasto a los padres (aumentando su carga y dolor) que tienen que comprar otras venidas de Europa o de la India a diez o quince veces más del valor de las que se producían en México, es otro crimen resultado de su depredación. Y eso sin considerar que las extranjeras no tienen probada su calidad y eficacia.

La cancelación de una línea de Metrobús que uniría a las poblaciones de La Laguna en Torreón, línea que ya se encontraba muy avanzada y era muy necesaria, fue tirada a la basura por el presidente en una visita porque taxistas y camioneros se lo pidieron, y éste, en consulta exprés y sin conocer la realidad ni la necesidad de los pobladores, a mano alzada echó abajo el proyecto (al que ya se le habían invertido cientos de millones). ¿Podrá valorar el costo y lo que representan semejantes inversiones un presidente que nunca ha trabajado en nada, que no necesita de ese transporte ni tiene qué pagar el alto costo de un taxi?

La torpe y criminal estrategia implementada por su gobierno para enfrentar la pandemia del coronavirus es otra muestra del gran depredador. De acuerdo a cifras del propio gobierno al día de hoy la epidemia ha cobrado   251,814 muertes, aunque para finales de marzo y considerando el subregistro en los decesos, el estado reconocía 322 mil. Pero como en todo han sido falaces, se habrá de señalar que la Universidad de Washington ha llevado un conteo preciso de las muertes en México a causa del coronavirus (covid 19) y la suma resulta escalofriante: 617,127, muchas, sino es que la mayoría, son el resultado de su pésima estrategia, de dejar al sistema hospitalario sin el equipo, aparatos, ni medicinas que se requerían. Responsabilidad de la que tarde o temprano tendrán que rendir cuentas ante la autoridad y ante los ciudadanos.

Enemigo confeso de los empresarios mexicanos (entre ellos los laboratorios farmacéuticos) en su dilapidación continua envió al extranjero a comprar vacunas y medicamentos de dudosa calidad, incluso apoyándose en la ONU ¿De cuando acá la ONU se dedica a la comercialización y venta de medicamentos? ¿La ONU dará los empleos y pagará los impuestos que pagan los laboratorios mexicanos a los cuales López Obrador quiere destruir?

La aniquilación de la obra pública para usar el dinero en comprar la conciencia de los jóvenes (ninis), de los viejos, de becas, etcétera, es una manera moralmente corrupta y depredadora de acabar con los empleos, la producción, la riqueza, de sumir a México en la pobreza en un futuro cercano.

El derroche multimillonario y la depredación ecológica derivados de la construcción del Tren Maya y la Refinería Dos Bocas. Proyectos innecesarios y berrinchudos de un hombre enfermo de poder en los que decenas de miles de millones de pesos se han tirado y se tirarán tomando en consideración que el uso de las gasolinas irá a la baja, y que los daños ecológicos a la selva y a la costa son irreparables. Un tren que no se necesita y una refinería que además también de no necesitarse, se está construyendo en un lugar de inundaciones que pronto dejará inutilizada la multimillonaria inversión.

La farsa de la dizque venta del avión presidencial cuyo mantenimiento ha costado una millonada, para luego dizque rifarlo, pero como no se vendieran los boletos no se rifó (aun cuando muchos millones del erario salieron para la compra de boletos). ¿No podría venderlo a una línea aérea comercial y que ellos lo adaptaran con asientos?, otra opción, dejarlo en el hangar para cuando venga un presidente de verdad, uno que vele por todos los mexicanos, POR TODOS.

      En su locura de poder, el presidente ha quitado dinero a las Universidades, desaparecido Fideicomisos, desatado una guerra frontal contra la ciencia y la investigación —en un tiempo en el que son más indispensables que nunca— con el pretexto de la ‘corrupción’, pasando por alto que corrupción también es contender por cargos para los que se carece de la inteligencia, formación y capacidad. En suma, estas y otras acciones exhiben al presidente de cuerpo entero, al hombre que nunca debió contender por semejante responsabilidad, pues si está pasando a la historia, como a él le gustaría, es precisamente como El Gran Depredador de Palacio.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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