SUICIDIOS: NI LOS VEN NI LOS OYEN

El número de suicidios en Jalisco y en casi todo el país crece año con año sin que gobierno y sociedad hagan gran cosa para detener semejante desgracia. El año pasado (2015) hubo en nuestro Estado 483 suicidios, la mayoría de niños y jóvenes. En lo que va del presente (2016) suman ya 229 (sin contabilizar aquellos que pasan por “muerte natural”), lo que nos da una idea de la gravedad del problema, que como todo parece indicar, ni gobierno ni sociedad quieren verlo ni oírlo.

Pareciera que volteando a otro lado la situación mejorara, posición que además de absurda no ofrece acción alguna para detener la muerte de tantos inocentes. Ríos de lágrimas posteriores y tiempos de soledad y angustia previos dan testimonio de la pasividad.

El problema comenzó a crecer en la década de los noventa en el siglo pasado. En Guadalajara durante los años cincuenta y sesenta, el suicidio era cosa ajena a nuestra sociedad. Dolor desconocido para las familias. En los años setenta comenzó a aparecer de manera incipiente para desatarse a partir de la última década.

Quien escribe esta columna comenzó a detectar el problema y escribí algunos artículos advirtiendo el fenómeno. No se hizo caso, fue voz en el desierto. Pero como el problema continuara creciendo de manera escalofriante, decidí escribir un libro titulado «¡Quiero Vivir!» (año 2004). Por aquel entonces el suscrito colaboraba para una televisora local (propiedad de una nacional), por lo que pedí a quien dirigía los noticieros me permitiera abordar el tema y aportar algunas  reflexiones y conceptos que además de formar conciencia de lo que estaba sucediendo, ayudaran a que los jóvenes no se privaran de la vida.

El espacio me fue negado, y no señalo en absoluto a la televisora. Son decisiones de personas que la mayor de las veces carecen de sensibilidad social (y ante su prójimo), que no desean comprometerse ni comprometer su posición.

Las muertes de niños y jóvenes siguieron en aumento hasta la escandalosa cifra a la que se ha llegado; cáncer que flagela a la mayoría de los Estados de la República sin que se haga nada efectivo para remediarlo. Al contrario, con el ateísmo pragmático que se vive y la manera promiscua con la que están contemplando la sociedad, el desánimo para seguir viviendo va en aumento ¿Para qué vivir, piensan no pocos, sin futuro material y sin sentido eterno?

Simplemente en el Metro de la ciudad de México este año se han suicidado 15 personas. Semejantes expresiones de desesperación no son otra cosa que el último grito de la soledad de muchos. Un aquí estoy pero nunca me viste. Para que continúo sino hay nada por lo cual continuar. Sin Dios así es.

La causa de tanta muerte y desgracia, acéptese o no, son los cambios sociales. Hasta los años sesenta del siglo pasado, Guadalajara era una ciudad con otras costumbres radicales a las presentes. El pueblo de Jalisco en su inmensa mayoría creía en Dios y la fe cristiana era parte muy importante de su cosmovisión. Hoy las cosas han cambiado para mal. Un mundo sin futuro ni esperanza aterroriza a muchos a tal grado que prefieren salir por la llamada puerta falsa.

Padre y madre que le dan sentido, seguridad y firmeza a un hogar, hoy pretenden ser cambiados por dos personas del mismo sexo; como si Dios no hubiese dejado bien claro las funciones biológicas y sociales del hombre y la mujer. Gobiernos sometidos a las presiones del exterior (las Sagradas Escrituras lo señalan “el que pide prestado es siervo del que le presta”) se han prestado para las peores abominaciones posibles.¿Dónde quedó la dignidad de los gobiernos liberales del siglo diecinueve y los revolucionarios del veinte?

Hoy cualquier yanqui, FMI, BM, organismo de la ONU, ONG o lo que usted quiera y guste, viene a decirle a nuestro(s) gobierno(s) lo que se tiene qué hacer. Aun cuando naturaleza y principios le niegan tales imposiciones. Soberanía e independencia son palabras en desuso entre los gobernantes, que rendidos ante el becerro de oro y el dios eros, han dado suelta a perversiones sin cuenta. Pervertidos que a gritos reclaman tolerancia y son incapaces de tolerar a quienes mantienen todavía, gracias a Dios, las creencias que por miles de años han sostenido a occidente.

Y es que cuando una sociedad le da la espalda al Creador y rechaza su mensaje de amor y salvación (Biblia) ¿qué le queda? ¿Vivir qué, cincuenta, sesenta o setenta años sin sentido? Aunque el texto sea profano, ya lo dijo el poeta de Aguascalientes “nada te llevarás cuando te marches”.

El punto fundamental que olvidan es que al marchar de este mundo se enfrentarán ante Dios, y con Él no hay impunidad como en nuestros actuales gobiernos (de todos los niveles y de todos los partidos). El Dios justo y santo espera a unos y otros al final de la jornada, a unos como Padre con los brazos abiertos. A otros como juez severo. Cuestiones que hasta hace veinte o treinta años cualquier persona lo sabía.

Líderes de la religión judeocristiana (rabinos, sacerdotes y pastores) deben redoblar los esfuerzos para llevar el mensaje divino a las nuevas generaciones, pues con en el conocimiento de Dios la vida cobra sentido existencial. Las grandes respuestas de la vida se contestan con el conocimiento de Dios, al saber quiénes somos, a qué venimos, hacia dónde vamos y cómo llegaremos bien a la eternidad.

El gobierno, si en verdad quiere detener la muerte de tantos niños y jóvenes, no los agredan en sus creencias ni en su dignidad corporal. Eso por un lado, por el otro, deben poner orden en casa pues sin duda que los gobiernos a partir de la llegada de Acción Nacional al poder, todos, repito, todos se han sumido en el estercolero de la corrupción como nunca se había visto, situación que lejos de detenerse continua como bola de nieve en la ladera. Perdidos por la ambición ¿podrán pensar en su prójimo triste?, ¿en el ciudadano que carece de estímulos para enfrentarse la vida en una sociedad en la que tal parece que solo en la política y en el narcotráfico puede haber éxito material?. La vida de no pocos depende de lo que se haga, y pronto. Ya es tiempo que vean el problema y oigan los gritos de los desesperados.

¡Hasta el próximo sábado, si Dios nos permite!

Correos recibidos: Hilda Gómez, Carolina Tacher, Yeanette Levy, Lourdes Solis, Patricia Hernández, así como a todas las demás personas, muchas gracias por sus palabras.

Email: mahergo50@hotmail.com

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