ISRAEL E IRÁN: ¡UN PROBLEMA MILENARIO!

Hace casi 25 siglos el pueblo judío se encontraba cautivo en el llamado imperio medo-persa cuya capital era Susa. Como en casi todas las épocas, a partir, claro está, de hace cuatro mil años de que es formado este linaje, el antisemitismo ha estado presente intentando destruir a ese bendito pueblo. Y digo bendito porque es Dios mismo quien lo bendijo, y quién soy yo para decir lo contrario.

     Los intentos por aniquilar a los hebreos o judíos nunca se han detenido y en muchos pueblos de la tierra han ocurrido en mayor o menor medida. Aclarando que dicho intento de extermino se origina en el ámbito espiritual; cuestión que las mentes mundanas y materialistas no comprenden, pues, se trata de un mundo no accesible a la incredulidad (Dios es celoso de sus hijos y su revelación).

Aclarado lo anterior, se señala que el odio y deseo de exterminar al pueblo judío ha sido recurrente; baste recordar tres hechos dolorosos y terribles: el exterminio de los niños hebreos en Egipto; el intento de exterminio en la época de la Reina Ester (siglo V a.C.); y el exterminio intentado por Hitler y los nazis en el que asesinaron a seis millones de judíos en Europa.

      En el segundo de los casos citados, a mediados del siglo V a.C., en el actual territorio de Irán (entonces Imperio Medo-Persa que dominaba desde la India en Asia, hasta Etiopía en Africa) que tenía bajo su férreo control y dominio a 127 provincias; aparece de pronto un funcionario del rey Asuero (Jerjes I, 486-465 a.C.) llamado Hamán. Un hombre malvado y lleno de odios, aunque zalamero y genuflexo ante el rey (como suelen ser todo ese tipo de sujetos encumbrados en el poder público), que por un mero acto de dignidad de un judío llamado Mordejai (Mardoqueo) decide exterminar al pueblo judío en todo el imperio.

Para lograrlo engaña al rey contándole una sarta de mentiras con el fin de satisfacer sus instintos asesinos y acabar con el linaje de Abraham, Isaac y Jacob, asegurándole que no respetaban en absoluto al rey, ni tampoco la ley y que no era bueno dejarlos vivir, ocultándole mañosamente el nombre de ese pueblo. Ajashverosh (Asuero), un rey que gustaba de la fiesta y disfrutar del poder, cae en las mentiras de Hamán y emite un decreto real en el que se ordena el exterminio total del pueblo judío (incluida su esposa la reina Ester).

Careciendo de espacio para relatar esta desgracia, nos limitamos a señalar que Dios interviene de manera milagrosa —como siempre lo ha hecho y hará para cuidar a judíos y cristianos que le buscan y obedecen— y por medio de la reina Ester, asesorada y guiada por su tío Mordejai, son librados de la aniquilación masiva a través de un nuevo decreto real en el que se les PERMITÍA DEFENDERSE como lo narra la Biblia misma:

—“Que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos…” (Ester 8:11)

 

     Han pasado más de veinticuatro siglos de aquel amargo episodio, y los actuales persas (Irán) siguen de nueva cuenta queriendo exterminar a Israel. Desde la llegada de los líderes ayatolas en 1979, la paz y seguridad del Estado de Israel se han visto amenazados por estos fanáticos religiosos, que, en lugar de crear beneficios y una mejor calidad de vida para su pueblo, han utilizado el dinero del petróleo (Irán es el 4º productor mundial) para armarse e intentar crear armas nucleares para acabar con el pueblo judío (aunque, enseguida de los judíos estarían todos los pueblos y países cristianos).

    Sus violentos e intolerantes líderes político-religiosos conciben la vida solamente desde el Corán, libro religioso escrito o revelado a Mahoma en el siglo VI d.C., en el que tanto judíos como cristianos somos infieles a los que hay que convertir o destruir.

Para poder entender lo que sucede en Irán (así como en todo país islámico fundamentalista) se tiene que partir del Corán, pues sólo su contenido nos puede revelar y mostrar el pensamiento y acciones de esas personas y pueblos. Tratar de entender a los musulmanes desde la visión occidental además de incorrecto, es un absurdo. Una exposición a grandes daños e incluso al exterminio. La yihad eso es: la lucha islámica contra judíos (y cristianos) para su conversión al islam y de oponerse: l¡a muerte!. Punto. Eso enseña El Corán (escrito casi 2,000 años después de la Biblia), del cual se reproducen los siguientes textos:

 

—“Quienes son judíos alteran las palabras de su lugar… tergiversando sus lenguas y atacando a la religión del islam… ¡Maldígalos, Alá por su infidelidad!… En el Infierno les bastarán las llamas. Realmente, a quienes no creen en nuestras aleyas, los quemaremos en un fuego, y cada vez que su piel se queme, les cambiaremos la piel por otra, para que paladeen el castigo…”   (Azora IV., 48-49, 58-59)

 

—“¡Oh, los que creéis! No toméis a judíos y cristianos por amigos: los unos son amigos de los otros. Quien de vosotros los tome por amigos será uno de ellos… Son unas gentes que no razonan…” (Azora V., 36 y 63)

 

—“Di: ¡Gente del Libro! ¿Qué censuráis de nosotros sino el que creemos en Alá, en lo que nos ha revelado… En su mayoría son perversos… Quienes Alá ha maldecido, con quienes se ha enemistado y los metamorfoseado en monos y cerdos… todos estos tendrán un lugar peor, pues son los más extraviados de la buena senda…” (Azora V., 64-65)

 

Lamentablemente esa es la doctrina islámica. Un fiel de ese credo puede ser pacífico y tolerante, pero de estudiar el libro que fundamenta su fe, aun cuando sean universitarios con posgrado, la inmensa mayoría se convierten en fanáticos peligrosos. Bin Laden y toda la lista de terroristas (yihadistas) destructores y asesinos pasaron por ese proceso.

Lo que estamos viendo entre Irán e Israel es un problema milenario, que como se dijo al principio se origina en el mundo espiritual. En época de la reina Ester no existía el Islam (Mahoma nacería casi once siglos después), lo que sí existía, era la animosidad malvada que desde entonces ha pretendido aniquilar al pueblo judío, que, lo único que ha hecho y está haciendo, es defenderse para que no lo exterminen. Que si bien en esta ocasión Israel tomó la iniciativa de defensa apoyado por Estados Unidos (curiosamente durante la Fiesta de Purim), la realidad es que de esperarse y con las armas nucleares (y misiles sofisticados) en las que estaba ocupado Irán, lo más probable es que en un ataque, lo que no hizo el malvado Hamán hace 25 siglos, el malvado Ayatola Alí Jamenei sí lo hubiera logrado. En una palabra, y rememorando a los sobrevivientes del Holocausto ¡NUNCA MÁS!

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

Email: mahergo1950@gmail.com

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