EURABIA SE ESPANTA DE LO QUE SEMBRÓ
La Europa (antes) cristiana, la culta, la líder, de pronto apareció ante los ojos de todo el mundo violentada y desconcertada, sorprendida por turbas parasitarias y anarquistas pidiendo derechos carentes de deberes cumplidos. Era cuestión de tiempo. Finalmente llegó lo que se sabía les vendría tarde o temprano.
Pero no, se negaron, no lo quisieron ver. Dos siembras: la primera iniciada incipientemente durante la época de la Ilustración y culminada al término de la Primera Guerra Mundial, y la otra, al concluir la Segunda. Una germinada por la soberbia intelectual que les hizo creer que eran dioses para sí mismos (negando al Autor de la vida). Y la otra, consecuencia de la primera, les llevaría de inicio a un hedonismo desbordado que, sin reflexión alguna, les conduciría al peligroso callejón en el que ahora se encuentran la mayoría de los países del viejo continente.
Creyéndose muy inteligentes y cultos (aunque tal definición no concordara con la mayoría) se alejaron de Dios, de la fe judeocristiana (de judíos y cristianos) que les había forjado y sostenido por dos milenios, limitando su cosmovisión al aquí y al ahora, es decir, a un existencialismo promovido por “intelectuales” como Jean Paul Sartre, Albert Camus, y Hermann Hesse, por mencionar algunos, cuyas obras permiten ver la terrible soledad interior que les agobiaba. Los ciegos guiando a otros ciegos.
Hombres visionarios de hace un siglo como es el caso de Ortega y Gasset, pudieron ver lo que comenzaba a suceder en el viejo continente: el abandono de la fe y valores, con una entrega sin reservas a un materialismo hedonista, que en este preciso momento ha hecho crisis.
En su magistral obra el filósofo español describe y advierte la postura y conducta de la juventud europea (en 1930) a la que califica como «el señorito satisfecho»: —“Este personaje, que ahora anda por todas partes y dondequiera impone su barbarie íntima, es, en efecto, el niño mimado de la historia humana. El niño mimado es el heredero que se comporta exclusivamente como heredero. Ahora la herencia es la civilización —las comodidades, la seguridad, en suma, las ventajas de la civilización… por eso, cuando se hace figura predominante, es preciso dar la voz de alarma… Porque es un hombre que ha venido a la vida para hacer lo que le dé la gana” (La rebelión de las masas).
Visión que el sociólogo francés Guilles Lipovetsky reafirmara siete décadas después a manera de vaticinio cumplido en su propio país: “—El narcisismo surge de la deserción generalizada de los valores y finalidades sociales, provocada por el proceso de personalización… es el materialismo exacerbado de las sociedades de la abundancia lo que, paradójicamente, ha hecho posible la eclosión de una cultura… por aislamiento a la carta… Al canalizar las pasiones sobre el Yo, promovido así al rango de ombligo del mundo… socializa desocializando, pone a los individuos de acuerdo con un sistema pulverizado, mientras glorifica el reino de la expansión del Ego puro” (La era del vacío).
Y es que, terminada la guerra en 1945, gran parte de los europeos abandonó la fe de sus padres y ancestros, entregándose gradualmente a sus pasiones y ambiciones hasta hacerlo de lleno. En una falsa visión de izquierda (como la que padecemos en México) fueron exigiendo más y más derechos a sus gobiernos y patrones hasta llegar a semanas de 35 horas laborales y demás prestaciones.
El «señorito satisfecho» se dio a viajar, a dar rienda suelta a sus pasiones, hacer lo que le viniera en gana, disminuyendo con rapidez los matrimonios y por ende la tasa de población a límites absurdos y carentes de futuro. Conductas y decisiones que trajeron aparejada la necesidad de mano de obra “barata” por lo que en su falsa sapiencia abrieron las puertas al mundo musulmán (proveniente de países árabes, africanos y asiáticos), pasando por alto que las creencias religiosas del Islam son totalmente contrarias a la manera de pensar y vivir de los europeos (antaño cristianos).
Voces calificadas dieron el grito de alerta a todos los europeos del grave error que estaban cometiendo al abrir la puerta al mundo musulmán. La escritora y periodista italiana Oriana Fallaci se los advirtió una y otra vez desde la prensa y libros. A Europa le nombró ya como “Eurabia”, advirtiendo el gravísimo peligro en el que se encontraban, señalándole además de colaboracionista de la Bestia (recordando al Anticristo del Apocalipsis):
—“Sí. La marca de los colaboracionistas. La Bestia que de buena o mala fe le ayuda al Monstruo. La Europa que llamo Eurabia, el Occidente que devorado por el cáncer moral le hace juego al Islam… Parece un truco literario, una fantasía de escritores, una fábula. Pero es la trágica realidad en la que vivimos dos mil años después de Juan el evangelista… Pero toda Europa, toda, marcha hacia su propia muerte…
El crescendo del terrorismo islámico, ante todo. El goteo de los muertos decapitados, degollados, asesinados de un tiro en la nuca, desintegrados con el explosivo… el hecho de que sobre todo en Italia la gente se haya acostumbrado a esto como si realmente tuviese la marca sobre la frente y la mano derecha” (ORIANA FALLACI se entrevista a sí misma, octubre de 2004).
Lamentablemente, y para su propia desgracia, el señorito satisfecho además de hedonista y ególatra radical, carece de la intelectualidad y conocimiento de las generaciones anteriores, se le ha atrofiado el pensamiento con sus ideas fáciles, el internet y el móvil; cree entender lo que pasa y lejos de buscar el origen de sus males (que no son pocos), se ha lanzado como hombre primitivo dando rienda suelta a sus instintos bestiales, destruyendo el patrimonio colectivo y el ajeno, retando incluso, a sus gobiernos que tanto le han dado y consentido (hasta hacerle daño).
Las manifestaciones destructivas en Francia, Bélgica, Italia. Portugal y España, son finalmente el producto de lo que hay en los corazones y mentes de las nuevas generaciones de europeos, y, por supuesto, apoyados fervientemente por sus socios en anarquía, los musulmanes cuya religión alimenta esa violencia. Violencia originada en su credo, el que lamentablemente desconocen sus “amigos europeos”, que en su ateísmo pragmático no saben que el musulmán tiene obligadamente dos principios y mandatos contra ellos: el primero, ganarlos para el Islam, y segundo, de no lograrlo por la buena, hacerles la yihad (guerra santa).
Guerra ya iniciada por el mundo musulmán radicado en Eurabia, que quizá no ha sido detectado y mucho menos entendido por los gobiernos debido a los primeros días de caos, pero que tarde o temprano, al abandonar los señoritos satisfechos la fiesta de destrucción, los terroristas del islam se encargarán de continuar la tarea (como ha sido siempre su meta).
¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!
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