LAS CUATRO “R” DE VIDA
Estos días nos invitan a la reflexión, a la búsqueda sincera de nuestro sentido existencial. Días de guardar nos decían nuestros padres. Días que se han convertido en simples vacaciones para la mayoría en las nuevas generaciones, y de religiosidad para un reducido sector (lo que no significa espiritualidad; suelen por lo general ser dos cosas distintas).
Vayamos al punto de nuestro tema, los días son adecuados y propicios. De entrada, se ha de señalar que en la Pascua del año 33 en el siglo primero, el Mesías Yeshua (Jesucristo para la cristiandad) con su vida y obra consumó y preparó los planes eternos de Dios; planes que involucran a judíos y cristianos de todos los tiempos, pues, el cristianismo, dicho sea de paso, no es otra cosa que la versión gentil del judaísmo.
Por eso es que Yeshua les anunció de manera anticipada a sus apóstoles y discípulos, para que ellos, como judíos de raza y de fe, pudiesen entender que el mensaje de salvación también incluía a los pueblos gentiles que creyeran en Dios y se arrepintieran de sus vidas de pecado: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16).
En el mensaje revelado en las Sagradas Escrituras hay cuatro palabras significativas y fundamentales para la fe de unos y otros, de judíos y de cristianos, si bien el ofrecimiento es para toda la humanidad, y estas son: RESCATE, REDENCIÓN, RESURRECCIÓN y RETORNO (las cuatro con R).
La primera, «RESCATE», tiene que ver con la condición espiritual del ser humano delante de Dios; condición derivada de la caída de los primeros padres en Gan-Edén (Paraíso) ante Dios; rompimiento brutal entre el hombre y su Creador derivado del intento del primero de liberarse del segundo, ocasionando con ello “La caída” cuyas consecuencias permanecen en la humanidad toda, y que sólo el Mesías puede subsanar y reconciliar cuando la persona cree y se arrepiente; cuando al leer la Biblia cobra conciencia de quién es Dios y quién es él.
Por esto es que Yeshua nos advierte a unos y otros: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en RESCATE por muchos” (Marcos 10:45), RESCATE a costo de su propia vida, y con el que todos los seres humanos tienen acceso al reino de Dios, pero que, como sabemos, no todos creen(erán), por tanto, quedan fuera del ofrecimiento Divino por decisión personal.
La segunda, «REDENCIÓN», tuvo su cumplimiento en la Pascua del año 33 del primer siglo, tal y como lo anunciara el profeta Juan “el bautista” a Israel (y a la humanidad de todos los tiempos) quien al ver a Yeshua en el río Jordán dijo: “…El día siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Cordero que sería sacrificado poco más de tres años después en Jerusalén, durante la Pascua, pero para satisfacer la justicia airada de un Dios santo y justo, ofendida por los pecados de todos los hombres de todos los tiempos.
El cristiano con poca cultura bíblica desconoce la historia y el sentido de dicha fiesta, no así el judío promedio, que sabe que durante la salida de Egipto, es decir, de la liberación de la esclavitud, sus ancestros fueron librados de la muerte gracias al sacrificio de un cordero sin mancha e inocente, con cuya sangre cubrieron el dintel y los postes de la puerta de todas las casas (si se trazan dos líneas imaginarias se forma una cruz), siendo todo esto un bosquejo, una enseñanza didáctica futura de lo que Dios haría posteriormente con su propio Hijo para rescatar a sus criaturas perdidas: a judíos y cristianos de la esclavitud del pecado (que es peor que la otra).
Por eso Dios le anunció a Israel su REDENCIÓN futura: “Por tanto, dirás a los hijos de Israel… y os libraré de su servidumbre, y os REDIMIRÉ con brazo extendido, y con juicios grandes” (Exodo 6:6). Redención que respecto del pecado se consumó plenamente en la persona y obra del Mesías Yeshua:
— “Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él cargando la cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo Gólgota; y allí le crucificaron… Cuando Jesús hubo tomado el vinagre dijo: CONSUMADO ES…” (Juan 19:16,17,30). Con ese sacrificio único y perfecto, del único justo entre los injustos, la REDENCIÓN del hombre caído quedó consumada. Es decir, la justicia de Dios quedó resarcida y los pecados del hombre perdonados.
La tercera, «RESURRECCIÓN», nos indica perfectamente su significado. Y es que, si Yeshua no hubiese resucitado como estaba anunciado por los tehiliím y neviím (salmos y profetas), además de que sería un impostor, tampoco consumaría la esperanza eterna para judíos y cristianos, pues no se trata de una fe “moralista” que se limita al tránsito terrenal, sino de una fe que implica vida eterna para el creyente con acceso al REINO ETERNO DE DIOS y con su cuerpo resucitado (verdades bíblicas desconocidas por muchos; no se diga por las nuevas generaciones).
La cuarta, «RETORNO», anuncia de manera universal y precisa el retorno glorioso del Mesías Yeshua (Jesús) a la Tierra, ya no como hace dos milenios, a salvar a la humanidad caída (ofreciéndole redención). Su retorno será totalmente contrario pues, será como Rey de reyes y Señor de señores, así está escrito y así será. De hecho, y, contrario a su primera venida, usará todo su poder y fuerza para someter a gobiernos y pueblos malvados e instaurar, ahora así, su trono eterno en la ciudad de Jerusalén.
No es el cielo griego que el pensamiento tomista introdujo a buena parte del cristianismo. Por supuesto que no. Es la instauración del Reino de Dios entre los hombres (como anuncia La Biblia), que, luego de un mileno como anunciaron Isaías y Pedro, el reino será trasladado a una nueva Tierra en un nuevo cielo (se evitan las citas para no hacer la lectura más extensa). Como se ha narrado en esta ocasión, estas cuatro R son para vida ¿o usted qué cree?
¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!
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