SOCIEDAD SIN FUTURO

El cuadro social que vemos es terrible. Los viejos fuimos formados con una visión de vida que choca frontalmente con las nuevas generaciones. El civismo, el trabajo, la legalidad, el orden, la limpieza, la disciplina, autoridad, jerarquías, paciencia para alcanzar metas, el alto valor de la familia, así como la fe en Dios, fueron los nutrientes de formación durante siglos.

Hoy día la cosmovisión social no es así, está totalmente fragmentada, y sabemos que una sociedad dividida no permanece. Se observa un mosaico multicolor en el que el ateo, el indiferente, el hedonista, el drogadicto, el mafioso, el violento, el sin escrúpulos, el corrupto, el homosexual, el ególatra… y demás (se incluyen las, obviamente), conviven sin convivir.

La indiferencia y falta de compromiso político y social son manifiestos en la mayoría. En apenas un sexenio se desmanteló la democracia y la República y a las masas les importó un comino el destino de México (muchos de ellos todavía no se dan cuenta del desastre). El poder ejecutivo desmanteló los otros dos (legislativo y judicial) conformando ante los ojos de todos una vulgar dictadura ¿Y las masas?: buscando asistir a ver y escuchar a algún dizque cantante que les cobre miles de pesos por su presentación (ya no distinguen, ni conocen las palabras; a la presentación le dicen “concierto”).

El antaño llamado “Juego de Juan Pirulero” se ha convertido en una dolorosa realidadEn diciembre de 2018 tomó las riendas del país un aparente partido político nuevo (Morena) con un pillo al frente, resultando una verdadera banda o mafia delincuencial que tiene al país al borde del abismo en diversos rubros. La corrupción mostrada supera en la historia mexicana —y con mucho—  a cualquiera. Los escándalos de mega saqueos y sociedad con las bandas criminales son cosa de todos los días y TODOS PERMANECEN IMPUNES.

A la manera del Tartufo de Molliere utilizaron la consigna “la guerra contra la corrupción”, que a oídos de un pueblo harto de tanto corrupto les favoreció con el voto. El líder, un fósil universitario que duró 14 años para sacar una licenciatura, resultó un verdadero psicópata. Un maestro en la hipocresía que ya tenía nexos y dependencia con las bandas de narcotraficantes a quienes anunció después de las elecciones su postura oficial: «¡abrazos, no balazos!»Desde entonces los balazos han sido para los mexicanos. Para las bandas delincuenciales de todo tipo y tamaño los abrazos.

Así que desde diciembre de 2018 no tenemos gobierno, lo que se dice gobierno. Hemos padecido la tiranía de un autócrata (continuada por una mujer) que incómodo y acomplejado con cualquiera que sepa más que él (cosa muy fácil de lograr) integró su equipo, que no Gabinete, con una banda de improvisados, marxistas trasnochados, parásitos sociales y demás, carentes la inmensa mayoría de una formación sólida y de una visión de estado, condenando con ello al país, no solo a la mediocridad, sino al rápido fracaso.

Lo grave para el país, es que una gran parte de los mexicanos ni siquiera conoce la situación, viven en su pequeño mundito personal, reprobados como ciudadanos al desinteresarse del todo por el destino de México. En estos casi ocho años de pesadilla y terror las bandas delincuenciales crecieron a lo largo y ancho del país. Estados como Sinaloa, Colima, Guerrero, Michoacán, Sonora, Baja California, Zacatecas y Tamaulipas, por mencionar algunos, son ahora feudos de los narcotraficantes. Delincuentes internacionalmente identificados son parte de la auto llamada 4-T, como es el caso de los gobernadores de Sinaloa, Tamaulipas, Sonora, Michoacán, y otros más.

Decenas de millones de mexicanos viven aterrorizados por las bandas delincuenciales. Unos han perdido a miembros de sus familias, dinero, bienes, casas, ranchos, libertad… otros temen correr la misma suerte. Ciudades en ciertas zonas del país han perdido población y debilitado su economía. Peor ha sucedido en ciudades pequeñas, pueblos y rancherías donde los delincuentes se han apropiado de todo (con la anuencia y complicidad de MORENA) controlando gobierno, vidas, economía y destino. No son pocos los pueblos chicos y rancherías que han sido abandonados.

 Para completar este cuadro de horror grupos de guerrilleros oficiales (como es el caso de la CNTE y la (a)Normal de Ayotzinapa) se dedican a la vista de todos a extorsionar al gobierno, que, además de permitirles cometer toda clase de delitos (como secuestrar 10 o 15 autobuses que cuestan millones de pesos cada unidad, destruir y quemar edificios públicos, así como autos y negocios privados) les concede todo cuanto piden manteniendo así ejercitados siempre sus grupos de choque. En cambio, a las madres buscadoras, todo el desprecio, rechazo, y hasta investigación para ver de qué se mantienen.

A todo esto habrá de agregarse el abandono y menosprecio de muchos en las nuevas generaciones a las creencias judeocristianas, lo que se traduce en ausencia o debilitamiento de valores, al igual que un auge hedónico-materialista. Postura social que se refleja en gran medida en el desinterés cívico y político de las mayorías respecto a las condiciones de México.

El pasado jueves 11 de junio se observó en el país un interés y compromiso desbordado por el futbol. Masas agitadas, disfrazadas con camisetas de ese deporte fueron capaces de pagar muchos miles de pesos por un boleto de entrada, de caminar largos trechos, hacer largas filas, estar parados por horas (con todas las incomodidades que esto implica) y finalmente, ante la victoria de la selección mexicana volverse locos de emoción, gritar a todo pulmón y desatar visiblemente una energía que jamás han mostrado por México.

    Ante todo esto cabe preguntarse: ¿Tendrá México un futuro promisorio? ¿Podremos salir adelante con un gobierno de mentirosos e incapaces, de bloferos amafiados con delincuentes?

Considerando el estado actual de cosas, con una deuda pública alrededor de los 20 BILLONES DE PESOS (la más alta en toda nuestra historia), sumido en la violencia, inseguridad e inestabilidad, con un TEMEC que no se quiere ratificar por Trump, con cero inversión extranjera y una fuga de capitales sin parar, pero sobre todo, con la total indiferencia de quizá la mitad de los mexicanos respecto al futuro del país ¿tendremos un mejor destino que el actual?

Porque esos eufóricos en los estadios, calles, plazas y los llamados FIFA fan fest apoyando a una selección de futbol —que en términos de vida cotidiana y teniendo en mente el futuro de México no nos aporta nada— ¿…están dispuestos a comprometerse con México como lo hacen hasta el delirio con la selección nacional? De ser afirmativo sería una esperanza, pero… de ser sólo emociones, no tenemos futuro.

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

Email: mahergo1950@gmail.com

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