AMLO: UN PRESIDENTE CORRUPTO

Mi abuelo materno, Don Vicente Gómez Franco, encargado del rastro de Tepatitlán durante la Guerra Cristera. Hastiado de ver la maldad y corrupción de soldados y cristeros, ya que unos y otros llegaban con ganado robado (para ser sacrificado y vender los restantes), el abuelo acuñó una frase que describe perfectamente la deshonestidad de unos y otros: “¡Para que muerdan lo mismo da perro que perra!”

   Cierto, ¿qué diferencia puede haber desde la legalidad y la verdadera honestidad que los corruptos sean del PRI, PAN, PRD, VERDE, PT, MC o MORENA? La verdad es que ninguna. Unos y otros, además de perder todo respeto por parte del pueblo, se exhiben cínicamente como vulgares ladrones (hay excepciones, claro). No basta condenar la corrupción, hacerlo obliga tener un testimonio de integridad capaz de poder quitar pajas de ojos ajenos y carecer de vigas en el propio.

    Para vergüenza de López Obrador y desgracia de México, el presidente no es lo que dice ser. Carece de testimonio para hablar contra la corrupción. Alguien que nunca ha trabajado carece de autoridad moral; viajar durante doce años de campaña lo cual debió costar una millonada y jamás explicar de dónde salió todo ese dinero (que la ley prohíbe utilizar, para eso es el financiamiento público en épocas electorales) le convierte no solo en corrupto, sino en objeto de suspicacias (luego de ver que soltó al hijo del Chapo y saludar con tanta familiaridad a la mamá del archi criminal); además que no únicamente es corrupto el ladrón que se lleva los dineros del pueblo tomándolos de las arcas públicas Por supuesto que no. También lo es el que se beneficia de ellos. La corrupción toma tantas formas como la maldad humana es capaz de inventar, apoyar o permitir.

   Cuando era presidente municipal de la ciudad de México (aunque le nombraran de otro modo), estuvo rodeado de una caterva de facinerosos. Salir con el cuento de que no lo sabía o no les conocía las mañas empeora su condición. ¿No sabía acaso que su tesorero Gustavo Ponce robaba enormes cantidades de las arcas para satisfacer su vicio del juego en Las Vegas? (sin duda que los hurtos le daban para mucho más y que no había control, sí eso se gastaba en sus vicios ¿a cuánto ascendieron sus hurtos para su patrimonio personal y las necesidades de su partido político?

    Ahora que están nuevamente de moda los videos de corruptos, ¿cómo olvidar a René Bejarano y Carlos Imaz (el entonces esposo de Claudia Sheinbaum) guardando enormes sumas de dinero con la ambición mostrada en sus rostros? Decir López Obrador que él no lo sabía o no los conocía bien, solo lo hunde más. Lo cierto es que las últimas décadas se ha rodeado de corruptos, de anarquistas destructores que nada aportan de provecho al país y son sangrado y lastre económico para el país, pues, aunque arengan con la izquierda les fascina vivir como sus adversarios de la derecha. Sus sueldos y patrimonios son en muchos casos escandalosos y muy, pero muy superiores a lo que tienen (emos) la mayoría de los mexicanos que nunca hemos trabajado en el gobierno (ni queremos tampoco).

     Pocos años antes, su amiga e incondicional Dolores Padierna (tía del juez que tiene bajo su tiranía a Rosario Robles por evidente venganza de AMLO y Padierna), era jefa Delegacional en Cuauhtémoc, sucediendo que el 20/Oct/2000, en el cabaret Lobohombo se inició un voraz incendio debido a un corto circuito. El problema es que sucedió a las 5:10 a.m., hora en que el lugar debía tener cuando menos ya dos horas de cerrado, agravando la tragedia que la puerta de emergencia estaba cerrada y la toma de agua para los bomberos era simulada (estaba colocada en la pared, pero no estaba conectada a red de agua alguna). El resultado 20 muertos y 39 heridos (La Jornada, 21/Oct/2000). Dolores Padierna no sufrió daño alguno. Su entonces amiga, compañera de partido y superior, Rosario Robles le cubrió las espaldas. Qué cosa, y la Padierna le paga nombrando a su sobrino inquisidor de su ex amiga y jefa para que la enjuicie sin piedad alguna y por encima de lo que señala la ley. Una corrupción legal y moral que el presidente justifica y promueve.

     A propósito de videos, este fin de semana apareció en los periódicos la nota de que un hermano de López Obrador recibe bolsas de dinero de mano de David León, quien en recién acaba de ser nombrado por el presidente como titular de la nueva empresa distribuidora de medicamentos. Lo sorprendente es que en la conferencia mañanera del presidente (que actúa como publicista de si mismo, claro, al estilo Mussolini y Chávez) justificó de inmediato a su hermano diciendo que eran ‘apoyos’. Es decir, lo que en el rico es gusto en el pobre es borrachera. Lo que en lo otros partidos es corrupción en la 4-T son apoyos. ¡Uf!

    Considerando que se ha dicho ‘evangélico’ el presidente. La Escritura sentencia sin matiz alguno: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz!” (Isaías 5:20). Las leyes electorales son claras y precisas al respecto. Ni qué decir de tantas acciones corruptas ocurridas durante este gobierno de doble moral.

    Es corrupción cancelar un aeropuerto (NAIM) que además de ser necesario para continuar con el crecimiento del país, ya se le había invertido una fortuna que fue a dar al basurero. Es corrupción cancelar en Mexicali una planta cervecera a punto de concluir, que teniendo todos sus permisos y habiendo invertido ya la enorme suma de 900 millones de dólares (de 1,400), nomás porque unos fanáticos seguidores de él levantaron la mano y acusaron anomalías (falsas y sin sustento), cancelaron la planta (en un país urgido de empleos).

   Es corrupto el presidente por su omisión al no hacer valer la ley, lo cual le convierte en el principal promotor de impunidad, permitiendo que el país siga controlado por la enorme y cada vez más creciente fauna criminal. Las pocas acciones jurídicas que emprende son selectivas, mediáticas y con un simple y vulgar sentido electoral. Por más que hable de combate a la corrupción, solo un fanático o un ignorante de la realidad nacional puede creerle.

   Corrupción es decir que en su gobierno no va a crecer la deuda pública(que recibió en un 44.9% respecto al PIB) y que de acuerdo a BBVA y CitiBanamex tan solo en este año crecerá la deuda al doble de lo que creció en todo el sexenio pasado, es decir, aumentará hasta el 59.2% (El Universal, 9/Jun/2020). Ni qué decir de las escandalosas pérdidas durante el actual gobierno en la CFE y Pemex, paraestatales a las que se les ha inyectado una cantidad astronómica, que solo tiene contentos a los jefes y sindicatos de esos barriles sin fondo. Emiratos de jeques auspiciados y sostenidos desde el actual régimen.

   También es corrupción que les haya perdonado (mayo de 2019) a los tabasqueños nada menos que $11,000’000,000 (once mil) millones de pesos de adeudos que desde el año 1994 sus paisanos (arengados justamente por él) no pagaban de consumos de luz, es decir, LES PERDONÓ SUS ROBOS.

   Corrupción es pagar ventiladores al hijo de M. Bartlett a $1’500,000 pesos, cuando su valor comercial era de $ 400,000. Corrupción es construir una Refinería a sabiendas que no se necesita, de construirla en un lugar inadecuado, y que no estará lista durante su (mal)gobierno. Indicios de corrupción es conocer el abultado patrimonio del actual director de la CFE, el de Eréndira Sandoval y su esposo el norteamericano John Ackerman (que además de opinar y meterse en la vida política nacional, lo cual la constitución le prohíbe, actúa como señor de horca y cuchillo de la 4-T), así como de otros familiares. Un gobierno dizque defensor de pobres pero integrado por ricos.

Es corrupto el presidente al encumbrar al Dr. López Gatell asignándole varias y muy importantes dependencias bajo su responsabilidad, cuando lo cierto es que debiera ser investigado (y de ser el caso consignado) por las 60 mil muertes por coronavirus, ocasionadas en buena medida por su pésima, negligente e indolente estrategia implementada contra la pandemia.

    Es corrupto el presidente Andrés M. López Obrador al contender y aceptar un cargo para el que no estaba preparado. Como también es corrupción conformar su gabinete con una galería de incapaces e inexpertos para cargos de tanta responsabilidad social. No es asunto de partidos políticos. Es asunto de capacidades, inteligencia, integridad, moralidad y apego absoluto al estado derecho, cualidades y requisitos indispensables para cualquier aspirante a tan honroso cargo. Cargo que al aceptarlo y sin contar con ellos le convierte de facto en corrupto; aunque le acompañe en su tarea tan sui generis cofradía, cerrando con la frase de mi abuelo: “¡Para que muerdan lo mismo da perro que perra!”

¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!

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