Actualmente los peores enemigos de los trabajadores son los falsamente llamados políticos de “izquierda”; concepto que se ha ido deformando al grado de estar más identificado ya con el populismo y la manipulación, que con la protección de los más débiles en la sociedad.
En México la Ley Federal del Trabajo de 1970, creada e impulsada por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, tenía su razón de ser y existir. Los conceptos e ideas patronales porfiristas eran todavía comunes en algunos sectores en esa época, de tal forma que la nueva ley se convirtió en un dique firme para detener los abusos en contra de la clase trabajadora en México.
Pero como todo en la vida las cosas evolucionan, no permanecen estáticas. Las relaciones obrero-patronales cambiaron de tal forma que en el siglo XXI las cosas marchan al contrario de aquellas épocas, ahora, en gran medida, los patrones son quienes deben ya cuidarse de los trabajadores.
No de todos por supuesto. Sigue habiendo buenos trabajadores y buenos patrones. El problema como siempre ha sido son los otros extremos: los malos trabajadores y los malos patrones. Respecto a los segundos, los políticos oportunistas y los sindicatos mafiosos y vividores les convertieron en los enemigos públicos; mientras que a los primeros en las eternas víctimas.
La realidad en el siglo presente es otra. Entre la clase trabajadora ha aparecido una especie terrible de Frankenstein, un monstruo que acaba sobre todo con las micro, pequeñas y medianas empresas. Un horrendo y nauseabundo problema social QUE NADIE QUIERE VER NI TOCAR para no ser visto como políticamente incorrecto.
El problema de fondo es que toda actividad en la que el hombre participa puede contaminarse, desviarse o corromperse. Es parte de la humanidad caída, de sus efectos milenarios. Como ya se dijo, pues, ni todos los patrones son malos, ni todos los trabajadores son buenos.
Desde finales del siglo pasado, pero sobre todo en el actual, ha aparecido en casi todo el territorio nacional una fauna de pseudo trabajadores, de vividores profesionales que han hecho del JUICIO LABORAL un instrumento de extorsión contra los negocios que han tenido la desgracia de conceder empleo a un rufián profesional, que por un mes o dos finge ser buen trabajador, disciplinado, obediente, puntual, etcétera, pero apenas pasan los 30 o 60 días y el sujeto, a la manera del Gregorio Samsa de Kafka, sufren una metamorfosis convirtiéndose en groseros, belicosos, alborotadores, pero sobre todo, buscando cualquier pretexto PARA DEMANDAR LABORALMENTE.
Y con esto llegamos al tema del presente artículo. Desde hace poco más de dos décadas, los JUICIOS LABORALES no sólo se han convertido en una plaga para las Juntas de Conciliación, sino en un azote y exterminador de las fuentes de trabajo (micro, pequeño y medianos negocios). Poco a poco fueron refinando sus MÉTODOS CRIMINALES DISFRAZADOS DE JUICIO LABORAL logrando Laudos (sentencias) por cientos de miles de pesos (incluso millones) en juicios que normalmente ninguno llegaría a los $100,000 pesos, participando en tales ilícitos LEGALOIDES despachos de litigantes que han hecho de esta extorsión un modus operandi con la anuencia (muchas de las veces) de las autoridades laborales que les permiten semejantes atracos.
Al efecto se debe recordar que, en México, casi el 80 por ciento de los empleos los producen los micro, pequeño y medianos negocios, de tal manera que tan solo en el año 2024 hubo más de 120,000 juicios laborales (muchos de los cuáles son promovidos por varios trabajadores), sin perder de vista que muchos otros se resuelven por la vía de conciliación, resultando de todo esto el cierre definitivo de miles de negocios (y pérdida de empleos).
Cerrar negocios o fuentes de trabajo en un país en las condiciones actuales de México, además de la gravedad económica que representa, es llevar a miles de familias a la pobreza, inhibiendo de paso la creación o la permanencia de muchos otros, en los que a final de cuentas el patrón se convierte en el trabajador (y viceversa), aunque con todos los deberes legales del empleador.
Abrir un pequeño negocio o fuente de empleo arriesgando el capital y ahorros de toda una vida; enfrentarse primeramente con una serie de trámites burocráticos difíciles y enredosos; pasar un período de cuando menos un par de años para ver si su negocio es viable; para finalmente tener la desgracia de que uno o dos de los trabajadores resultaran unos vulgares mañosos. Vividores profesionales del juicio laboral que acabarán con su negocio e ilusiones (sin invertir nada: excepto su maldad y mentiras) es para deprimir a cualquiera.
Semejante fauna delincuencial, que eso son (y no nos referimos en absoluto a los verdaderos trabajadores que exigen justamente sus derechos) sigue en aumento y nadie en el gobierno, ni en los medios, dice algo al respecto.
La realidad es que POR CAUSA DE ESOS DELINCUENTES LABORALES NADIE QUIERE PAGAR BUENOS SUELDOS EN MÉXICO. Ha llegado el momento en que la ley laboral debe modificarse radicalmente y adecuarse a los tiempos que se viven.
¿Quién abre un negocio o subirá a buenos sueldos a sus buenos trabajadores, cuando sabe que un juicio laboral podría acabar con su negocio o empresa? Al respecto la Ley debe modificarse de tal forma que el monto de los sueldos no se ligue en automático a un juicio laboral. Que en todo caso sea el trabajo y la responsabilidad de los trabajadores la que sea merecedora de buenos sueldos, sin que tales percepciones sean causa de extorsionadores amafiados con dizque despachos laborales (que en automático se convierten en cárteles) y el gobierno sea utilizado como verdugo ejecutante.
En un momento como el actual los trabajadores de México requieren de mejores sueldos, que los patrones/empresas tengan la libertad para reconocer el esfuerzo y compromiso de los buenos trabajadores sin que esta sea la causa de ponerse la soga al cuello (y extinción de sus negocios).
¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!
Email: mahergo1950@gmail.com

